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En Timbío, renace la esperanza a través de la Restitución

 

Un padre ejemplar. Así es conocido José Edil, un hombre que es padre y madre. A pesar de las circunstancias que ha enfrentado, su alegría no desvanece; su amor y honestidad, se reflejan en sus actos.

Para llegar al predio de don José hay que viajar una hora en avión, desde Bogotá hacia Popayán. Luego, hay que tomar un carro para llegar hasta Timbío, a unos 40 minutos de la capital caucana. Desde allí, hay que sumarle al recorrido media hora más, para arribar a la vereda Hato Nuevo: un lugar lleno de paisajes hermosos; de cafetales; de gallinas cacareando; del olor de las plantas frescas y base de una comunidad unida.

Al llegar a la tierra de los Adán, lo primero que se puede apreciar es una huerta cacera, que se convierte en la entrada a las extensas plantaciones de café.

Hace dos años, la Unidad de Restitución de Tierras devolvió la tranquilidad a José Edil y su familia, con la entrega de sus tierras y un subsidio, que supera los 20 millones de pesos, para desarrollar un proyecto productivo. Estas acciones, que han sido fundamentales en la reconstrucción de su hogar, les permiten asegurar lo que ellos llaman “felicidad”.

“Para nosotros es como volver a nacer, estamos recuperando nuestra vida. Con restitución de tierras todo es más fácil. La seguridad en la región ha mejorado mucho, la Policía y el Ejército siempre están pendientes de nosotros. No esperamos en vano porque ya tenemos nuestra tierrita”, aseguró José Edil.

Lucy Jazmín, Mari Cruz y Rúciela Adán son las tres hijas de Edil, además de su orgullo y por quienes nunca ha dejado de luchar. Con la sentencia emitida por el juez, estas tres mujeres han logrado crecer profesional y económicamente. A través del SENA, las hermanas Adán han recibido capacitaciones de emprendimiento y están próximas a iniciar sus estudios técnicos, que les permitirán aportar de una mejor manera al desarrollo del campo y de sus vidas.

José Edil también tiene dos nietos que, para él, son su adoración y por quienes daría su vida. Su mayor felicidad es ver cómo su nietecita disfruta plenamente del campo sin temor alguno. “Poder criarse en el campo es un privilegio que tenemos pocos y hoy ese privilegio lo tiene mi familia gracias a la restitución”, expresó Edil mientras la pequeña juega por los alrededores de la finca.

El nieto mayor tiene parálisis celebrar, lo que le ha impedido valerse por sí mismo. Ante esta situación el juez de Popayán, dentro del fallo de restitución, ordenó la protección al niño y el suministro de medicamentos y atención preferencial que, hasta la fecha, ha estado a cargo del Bienestar Familiar.

“Gracias a mi Dios y a la restitución”, fueron las palabras de José Edil, al terminar el recorrido por la vereda Hato Nuevo, donde cada 100 metros vive una familia restituida. Al igual que él, estas personas, solo tienen palabras de amor, esperanza, agradecimiento y tranquilidad. Hato Nuevo es uno de los lugares de Cauca, que renació con la restitución de tierras.