Indignación

02-02-2010
RCN Radio
Por: Espinosa

Criticamos todo lo que vemos a nuestro alrededor. ¿Será momento de empezar a mirar un poco más hacia adentro?

Pasan las tragedias y el mundo sigue igual. Una de las grandes (y pocas) verdades de todos los tiempos es que no hay evento alguno que logre detener el tiempo. Cayó el poderío intelectual y militar de los griegos, se derrumbó el imperio romano, pasaron las cruzadas, sobrevivimos a pestes e infames persecuciones bastante menos naturales, murieron asesinados personajes como Sócrates, Jesús y Gandhi; y el tiempo siguió allí, en la ininterrumpida dinámica del eterno retorno de lo mismo. Aquellos que lloraron se pusieron nuevamente en pie, vinieron algunas alegrías, unas cuantas tragedias y nada se detuvo. Esto parece, y lo es en realidad, una gran verdad de Perogrullo. Sin embargo, hay algunos que en su inmenso egoísmo y prepotencia creen que sin su presencia se acaba el mundo. Es el caso del mesías contemporáneo. En realidad hay varios. Aquí, en las fronteras con Colombia, tenemos el mejor ejemplo de un personaje que de verdad cree que, sin él, el mundo jamás volverá a ser el mismo. Entonces condena a generaciones enteras a vivir sumidas en el más inmenso de los miedos: el de perder, de un momento a otro, la sensación de libertad. Decía el filósofo estadounidense Richard Rorty que en un Estado de Derecho la libertad es, ni más ni menos, el derecho a pensar que 2 + 2 es igual a 5 y no sufrir ningún perjuicio por ello. Podemos, y esto es muy importante, equivocarnos en nuestros juicios, apreciaciones, e igual mantener intacta nuestra dignidad. En Colombia estamos muchos aterrados con lo que pasa en Venezuela. Nos parece espantosa la figura caricaturesca del Comandante Chávez y queremos que, más temprano que tarde, caiga en desgracia. Lamentamos, por tanto, la suerte de los venezolanos. La indignación "externa" es un sentimiento muy importante para la salud mental, física y moral. Pero también es bueno echar una miradita de vez en cuando al ojo propio. Por eso, va siendo hora de preguntarnos seriamente si en Colombia estamos camino a una dictadura como la venezolana, o si todavía este “cuerpecito” aguanta unos añitos más.

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