Agresiones incitadas por la red Social Facebook

RCN Radio
Por: Espinosa
Todos los dias, cuando reviso la prensa mundial, encuentro noticias relacionadas con agresiones impulsadas desde la red social Facebook. No puedo, en un primer momento, dejar de sorprenderme. Pero tambien empiezo a cuestionar qué tipo de seres humanos estamos educando
“Siete niños estadounidenses pelirrojos fueron agredidos física y verbalmente en un colegio de California, al oeste de EEUU por otros adolescentes”. Primera noticia. La policía, al investigar lo sucedido, encontró un grupo de Facebook que invitaba a celebrar el 20 de noviembre como el Día nacional Golpea a un pelirrojo. “La mañana del miércoles 2 de diciembre la policía colombiana detuvo a un estudiante de 23 años que invitaba, a través de Facebook, a asesinar a los hijos del Presidente Uribe”. Segunda noticia. Podría enumerar más ejemplos, pero creo que con estos es suficiente para sentarse y preguntarse qué es lo que pasa. Lo primero que quiero decir es esto: podríamos culpar a Facebook, que es lo mismos que quemar el sofá y matar el panadero, y en todo caso el problema seguiría vivo. El tema, creo yo, no es el peligro de las nuevas tecnologías, de las redes masivas de comunicación; es más bien la insaciable necesidad de hacernos daño. Qué pasa por la mente de personas que, sin ninguna justificación, invierten tiempo de su vida invitando a otros a violentar las diferencias. ¿Son, en realidad, tan distintos de nosotros los que vemos este tipo de actitudes con repugnancia? El argumento del joven capturado en Bogotá, aquel que invitaba a asesinar a los hijos de Uribe, es que todo era una simple broma. La segunda pregunta es justamente esa, cuál es el limite entre la broma y la amenaza; entre la tomadura de pelo y la agresión real. ¿Qué hubiera pasado si los niños de 12 y 13 años que invitaban a agredir a un pelirrojo hubieran desencadenado un asesinato? En dicho caso ya nada es tan divertido. En ese escenario, la “broma” ha pasado los límites de la vida de otro ser humano. Es momento, por lo menos yo lo veo así, de empezar a castigar severamente a quienes impulsen, inspiren, inciten actos violentos. Algunas veces la educación no es suficiente; es triste, pero puede ser que Vigilar y Castigar también deba hacer parte de la ecuación.
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