La tragedia en HaitÃ: destino trágico de un pueblo en ruina

RCN Radio
Por: Espinosa
La tragedia en Haità tiene muchos matices. Algunos de ellos se pueden descubrir si nos dedicamos a la importante labor de preguntar. Muchos de aquellos interrogantes tratan sobre cosas terrenales; otros, sobre asuntos metafÃsicos muy difÃciles de entender
En el terreno de lo inexplicable, uno podrÃa preguntarse qué es lo ha hecho el pueblo de Haità para merecer una vida llena de tragedias, desastres, ruinas, muertes, pobreza, soledad, abandono... No tengo respuesta. Puedo decir, sin temor a equivocarme, que la indiferencia de gran parte del mundo, el mirar y decidir voltear la cara ante las desgracias de otros, explica en parte desastres como el de HaitÃ. Ayer, mientras veÃa las imágenes de estas personas rodeadas de ruinas y desolación, recordé una novela del gran escritor japonés Haruki Murakami. En algún fragmento de "Kafka en la Orilla" y a propósito de una discusión en torno al destino de Kafka Tamura, el personaje central de la novela, su amigo Oshima le propone la siguiente reflexión: "No es la persona la que elige su destino, sino el destino quien elige a la persona"... entonces Murakami, en la voz del personaje Oshima, nos recuerda al filósofo griego Aristóteles y su concepción de la tragedia griega: "La tragedia, irónicamente, no surge de los defectos del protagonista, sino de sus virtudes. Son las cualidades, no los defectos, las que arrastran al hombre a la tragedia. Edipo rey es el mejor ejemplo. En su caso, no son la indolencia y la estupidez las que originan la tragedia, sino su valentÃa y su honestidad". Razón tiene Aristóteles y bien hace Murakami en recordárnoslo: las cosas trágicas le pueden pasar incluso a los mejores hombres. Y añado yo, también les puede pasar a los mejores pueblos, a gente que aparte de vivir hundidos en la miseria no han hecho otra cosa que tratar de sobrevivir.
Mañana, cuando abra otra vez los ojos, trataré de mirar si en efecto, estoy observando lo que pasa a mà alrededor. O si seguiré hundido en ese oscuro hueco de la indiferencia.
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