De Ingrid a Fariñas

07-14-2010
RCN Radio
Por: Espinosa

Tentado estuve a escribir sobre las ingratitudes y mezquindades de Ingrid Betancourt. Pero prefiero abstenerme haciendo caso a una premisa: “la historia de la humanidad la cuentan los indecentes y los bandidos, pero pocas veces los decentes y honorables”.

Entonces mejor hablemos de Orlando Zapata y Guillermo Fariñas, dos héroes del sentido de la compasión. Orlando decidió dejar su vida para prolongar la de otros. Feliz estará, donde quiera que esté, viendo ahora lo que ha logrado su amado pueblo cubano, el mismo que ha echado a andar a pesar de las cadenas.

Suele decir el adagio popular que no hay muerto malo; decimos ahora que hay algunas muertes que, en cierto sentido, tienen algo de bueno. Lo primero positivo fue la reacción, siempre tardía y muy corta, de la comunidad internacional. El mensaje es, palabras más palabras menos, los derechos humanos no son, no deben ser, una broma de mal gusto señores Raúl y Fidel Castro. Luego se levantó Fariñas, un ciudadano del pueblo cubano, nacido en la “Revolución” y educado en la Unión Soviética que, a diferencia de tantos, abrió los ojos a tiempo. Fariñas es un hijo de los oscuros tiempos de Castro, es un ser nacido de ese vientre que fue capaz de apartarse de su tiempo y preguntarse: ¿es esto, acaso, el mundo? 135 días de huelga de hambre resumen de la mejor manera posible la respuesta. Vivir en un lugar en el que se castiga con la cárcel al que piensa diferente, al que está en desacuerdo, al que duda, no es un buen lugar para vivir. Fariñas lo entendió a mediados de los 80, cuando un fiel servidor de los Castro, el General Ochoa, terminó fusilado como el peor de los enemigos.

Luego vio, como también lo hizo Reinaldo Arenas, Zoé Valdés y tantos otros, cómo desaparecían sus amigos, las personas con las que crecieron y que de repente no estaban más. Entonces decidió dejar de hablar y empezar a actuar. Esta semana logró, de alguna forma, que el régimen de los Castro liberara a 53 presos políticos. Quedan otros, vendrán más. No es el fin de la dictadura de los Castro, no es el fin de los horrores de un régimen que admira como utopía Hugo Chávez, Daniel Ortega, Kim Jong ill, Robert Mugabe… es decir, los peores dictadores de la humanidad. Pero a pesar de todo un aplauso para Fariñas. Hombres como él deberían contar la historia de la humanidad. El resto es basura.

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