Saramago, nos dejaste tu ceguera. Tu luz literaria se extinguió y queda ese sin sabor de las letras que no vamos a poder ver de nuevo.
Recuerdo aquella vez que te conocí. Diste una conferencia en Colombia donde tenías toda la lucidez del buen escritor y del gran ser humano. Tomaba un tinto esa mañana y firmaste mi libro mientras hablabas con Belisario.
En mis manos queda tu ensayo sobre la lucidez y la ceguera, queda “El cerco de Lisboa”, queda una “Tierra de pecado”, quedan tus poesías, tus relatos, un hermoso libro firmado por tus manos y un sabor amargo por tu muerte.
Hay mucho que decir pero mis manos hoy están tristes por tu partida.
Buen viaje amigo nuestro, seguiremos con tus textos.
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