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Por qué escogí dedicarme a la radio: reflexiones tres años después

Fernando Posada

Fernando Posada

Por: Fernando Posada

Cuando la luz roja se enciende no hay vuelta atrás. Las palabras dichas cobran vida propia y ya nada puede detenerlas. La tensión propia de la radio en vivo solo podrá entenderla quien haya estado en el interior de una cabina, conociendo momentos de inmensa presión y adrenalina. El corazón sigue latiendo rápidamente durante cada intervención, recalcando que cualquier error al aire duele en carne propia, como si se tratara de una herida.

Ya son tres los años desde que decidí dar mi primer paso en el mundo de la radio, iniciando como practicante profesional en RCN Radio, y todavía siento la misma emoción cada vez que la luz se vuelve roja. Desde el comienzo tenía claro que la radio es el medio de comunicación más cercano a la audiencia porque propone temas de conversación a los oyentes en su propio idioma, sin pretensiones y evitando cualquier barrera que los distancie.

Y abarca, al mismo tiempo, asuntos tan diversos como debates políticos, crónicas, noticias y entrevistas, que al final dejan a los oyentes llenos de inquietudes y de posturas críticas. La radio le habla al oído a los ciudadanos, desde temas que atraviesan sus preocupaciones más profundas hasta la sencillez de asuntos cotidianos menos trascendentales.

Pero la radio no solamente transforma a sus oyentes: también cambia la vida de quienes a diario informamos y opinamos desde los micrófonos. Durante estos tres años (que algunas veces han volado y otros días han pasado como si fueran una década) la radio me ha enseñado algunas de las lecciones de vida que hoy conservo con mayor agradecimiento. Desde el comienzo entendí que en el periodismo radial se aprende a las buenas y a las malas, desde los aciertos y los errores dolorosos. Porque hay aprendizajes, incluso en el periodismo más serio y responsable, que solo se alcanzan haciendo accidentalmente lo contrario: equivocándose.

Al mismo tiempo me he vuelto más silencioso, más serio, y he interiorizado como costumbre pensar antes de hablar. También la radio, con la imponencia de su alcance, me ha llevado a buscar ser responsable y balanceado a la hora de emitir un juicio, y a temer, por encima de cualquier cosa, cometer una injusticia.

A pesar de que sus horarios y su exigencia hacen que la radio sea sinónimo de inmensos sacrificios, para mí es motivo de orgullo hacer parte de un equipo balanceado y abanderado hasta el último segundo de la ética profesional, sin rendirse a pesar de cualquier adversidad. A los maestros que llegaron antes que yo, les agradezco por cada oportunidad, en un mundo en el que desarrollar una voz y un criterio propio toma largos años. Y a los jóvenes que vienen en el camino, también como yo, motivados por la idea de luchar por la verdad, les digo que conozcan la vida y la experiencia de la radio. ¡Qué mejor escuela que esta!

A los oyentes y lectores que me han acompañado desde este espacio de opinión les agradezco por la compañía, el incondicional apoyo y las críticas que me han llevado a la permanente búsqueda por mejorar. Este es un camino que no termina.

¡Feliz navidad y próspero año!