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Historias de vida, de infidelidades y de muertos, fue parte de lo que contaron.

Camareras de motel se tomaron un tinto con Rcn Radio
Camareras de motel se tomaron un tinto con Rcn Radio
Rcn Radio

La localidad de Chapinero es una de las zonas de Bogotá que más comercio tiene. Quienes llegan a ese sector de la capital colombiana se encuentran con universidades, discotecas, un sinnúmero de empresas y un sector exclusivo para moteles o residencias. 

En esta oportunidad nos acercamos a la calle 62 con avenida Caracas, una de las tantas calles que más moteles tiene y a donde a diario llegan decenas de parejas buscando una habitación para tener encuentros sexuales. 

Llegamos sobre las 3:00 de la madrugada y nos encontramos con un ramillete de cinco mujeres que desde hace varios años son camareras del reconocido motel Amarte y son ellas quienes a diario tienen que lidiar con los clientes que llegan hasta allí.

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Su trabajo no es nada fácil. Deben acompañar a los clientes hasta la habitación, cobrarles, atenderles sus caprichos y posteriormente la desagradable tarea de hacerle el aseo al lugar.

Hablar con ellas es percibir los deseos que todas tienen de salir adelante, de renunciar a sus sueños por permitir que los de sus hijos se cumplan, de pagar el precio de lo que significa trabajar doce horas diarias, muchas de ellas trasnochando.

Yamile es la mayor de todas, es madre cabeza de hogar, lleva 10 años trabajando en residencias, tiene seis hijos de 20, 19, 15, 13, 11 y 9 años y aunque varios ya son mayores de edad, aún le toca trabajar para que sus hijos pequeños logren sacar sus estudios adelante. 

Fue víctima de violencia intrafamiliar por cerca de 15 años. Su exesposo, único padre de todos sus hijos, le pegó en tantas oportunidades que finalmente ella tomó la valiente decisión de quedarse sola con ellos y asumir el gran reto de darles un buen futuro.

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Milena, por su parte tiene 34 años, es madre de tres hijos y aunque no es madre cabeza de hogar, relata que a su esposo no le gusta lo que ella hace porque comparten muy poco tiempo en familia.

“El me dice que mantengo más en el motel que en la casa”, dice. 

Los moteles son sinónimo de infidelidad, sin duda alguna. Aquellos lugares son visitados, en su mayoría, por parejas que ya sea por una noche de pasión o por una relación extramatrimonial,llegan hasta allí buscando pasar “un rato sexualmente agradable”. 

La joven cuenta que cuando trabajaba en otro establecimiento, ubicado en el barrio El Restrepo, debió presenciar a una esposa celosa y enfurecida que llegó con un bate en su mano  y acabó con el carro de su esposo que minutos antes había ingresado con otra persona. 

“Yo subí y ubiqué a la pareja que llegó en un carro. Unos minutos después llegó una señora que venía de residencia en residencia con la copia de la llave buscando en dónde se le activaba la alarma. Cuando llegó hasta allí, oprimió el botón del control y efectivamente se disparó la alarma del carro de su esposo. Ella entró muy furiosa con un bate en la mano y destrozó el vehículo”, cuenta.

Milena relata que “no fue suficiente y de inmediato ingresó a los pasillos buscando la habitación en la que estaba, pero él nunca salió… Lo cierto es que al establecimiento le tocó pagarle al cliente por todos los daños que la mujer le causó a su vehículo”. 

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Nelly es otra de las camareras. Tiene un “bebé”, como ella lo llama, de tan sólo doce años de edad. Duerme muy pocas horas al día debido a que trabaja desde las 7:00 de la noche hasta las 7:30 de la mañana. Cuando llega a casa debe arreglar la casa y alistar el almuerzo para su hijo a quien deja en donde el papá u otro familiar mientras ella trabaja. 

A su hijo debe recogerlo a las 12:30 del día, se sientan a hacer tareas y ella se acuesta sobre las 2:30 de la tarde para levantarse sobre las 5:00 ó 6:00 para cenar. 

En los dos años que trabaja en este oficio ya tiene decenas de historias por contar, una de ellas tiene que ver con el desafortunado momento del hallazgo de un cadáver. 

Los hechos también sucedieron en uno de los moteles del Restrepo. Un día llegó sólo hasta allí un joven de 29 años, solicitó una habitación y Nelly, sin saberlo, se convirtió en la última persona que lo vería vivo.

“Él llegó a las 11:00 de la mañana diciendo que una hora más tarde llegaría su pareja, me pidió agua y lo alojé en la habitación que le asigné. Cuando pasaron las horas me di cuenta que la pareja de la que él habló no llegó, entonces fui con el guarda de seguridad, y tras tocar varias veces la puerta nunca nos abrió”, relata.

Según Nelly, tuvieron que abrir la puerta y la primera imagen fue verlo muerto después de haber consumido diez frascos de veneno para ratas. 

Fuente

Sistema Integrado Digital

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