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El sábado se hundió el Plan de Ordenamiento Territorial propuesto por el actual alcalde y al que se oponía Claudia López.

Claudia López y Enrique Peñalosa iniciaron proceso de empalme en la Alcaldía de Bogotá.
Claudia López y Enrique Peñalosa iniciaron proceso de empalme en la Alcaldía de Bogotá.
Cortesía: Alcaldía de Bogotá

Contra todo pronóstico, el nuevo Plan de Ordenamiento Territorial (POT) se hundió. A pesar de mucho se dijo acerca de los tiempos, que no daban para dar la discusión completa, el Concejo de Bogotá, en comisión, rechazó el proyecto con ocho votos en contra y cinco a favor.

De esta forma, se frenó de manera definitiva el POT con el que se buscaba cambiar el modelo de ordenamiento de la ciudad, que permanece intacto desde 2004. Esto quiere decir que la administración de Claudia López tendrá en sus manos sacar adelante un nuevo plan de ordenamiento, y que esta vez tenga menos rechazo que el presentado por Enrique Peñalosa.

Más allá de la fecha de radicación del proyecto (que obligó al Concejo a discutirlo en plena época electoral), hubo varios puntos en su contenido que generaron rechazo hacia la propuesta.

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Estas grandes apuestas de la actual administración probablemente reciban grandes modificaciones, al tratarse de aspectos ampliamente criticados por la nueva alcaldesa.

Uno de estos puntos es el proyecto de intervención en la reserva Thomas Van der Hammen. Se trata de una propuesta que fue cuestionada desde la primera ve que la mencionó el alcalde Peñalosa.

Consistía en la construcción de un sendero ambiental, pero también de nuevas viviendas con el fin de atender el crecimiento poblacional de la capital.

Sin embargo, se cuestiona el verdadero impacto ambiental de estas obras, pese a que el Distrito ha insistido en que será mínimo y por el contrario, se contrarrestará con la siembra de árboles y el fortalecimiento de las normas de protección de este ecosistema.

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A esto se le suma lo que hay quienes aseguran que la población de Bogotá no está creciendo a un ritmo tan acelerado, por lo que no se necesitarían tantas viviendas como las propuestas en el POT.

Pese a esto, el nuevo POT deberá asegurarse de atender el déficit de vivienda en la ciudad, calculado en 56.000 cada año.

Otra apuesta de Peñalosa que se hundió junto con el POT es la relacionada con la movilidad. La propuesta de la administración era la construcción de nuevas 15 troncales de Transmilenio, incluyendo la de la Carrera Séptima, Avenida 68 y Avenida Cali.

Esto le costó al Distrito, dado que la iniciativa llegó al tiempo que se tramitaba el Metro de Bogotá, uno de los mayores anhelos de los bogotanos, quienes no suelen tener una opinión favorable frente a Transmilenio.

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Así las cosas, se espera que el plan de ordenamiento que proponga López sea basado en más líneas férreas, ya sean metros, tranvías o trenes de cercanías, y no en buses articulados.

Por último, y a la vez la propuesta más polémica, se encuentra el tema de los polígonos, es decir, sectores de alto o mediano impacto en materia de rumba, talleres mecánicos, bodegas, licores y moteles.

Se esperaba crear polígonos case A en Chapinero, la avenida Primero de Mayo, Restrepo y Venecia, en los cuales estaría permitidas estas actividades. En los polígonos clase B (parque de la 93, la Zona T, Galerías, Modelia, Bosa Central y calle 116 con 19A) se permitirían discotecas y bares.

Pese a que el Distrito insistió en que estos espacios no podrían limitar con zonas residenciales y colegios, la ciudadanía aseguró que el impacto en la seguridad y la tranquilidad de los lugares cercanos a los polígonos sería muy grande.

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