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Los clientes los han invitado a sexo y han recibido propinas de hasta cien dólares.

Domiciliarios nocturnos se tomaron un tinto con Rcn Radio
RCN Radio

En Colombia se estima que hay un millón y medio de de venezolanos que huyeron de su país buscando nuevas oportunidades para ellos y sus familias.  Muchos de ellos emigraron dejando en su Nación lo que más querían: padres, hermanos, hijos y muchas otras cosas que hacen parte de sus afectos.

A Bogotá llegaron miles tratando de ubicarse y una buena cantidad ha encontrado en las aplicaciones de domicilios una oportunidad laboral. 

Sobre la calle 63 entre carreras séptima y novena, en la localidad de Chapinero, nos encontramos con la licenciada Estéfani de 26 años y con Johel, su esposo y quien es un técnico de 23 años de edad.

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Ambos llegaron a nuestro país para prestar el servicio de domiciliarios nocturnos. Los dos son padres de una bebé de tan solo tres meses de nacida a quien en muchas oportunidades dejan bajo el cuidado de la mamá del joven.  

Los encontramos este viernes a las 3:00 de la madrugada cuando el termómetro en Bogotá bajó hasta los 4° de temperatura y la sensación térmica era tal vez inferior.

Son de los tantos venezolanos a los que se les puede decir que les ha ido bien. Él, que había iniciado a trabajar desde las 9:00 de la mañana del jueves estaba allí firme, con celular en mano, esperando nuevos servicios para tomar su motocicleta y en un tiempo récord desocuparse para irse con su esposa para entregar los pedidos. 

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Ella lo acompaña, pero también tiene activo su propio usuario, de tal manera que juntan ambas fuerzas  buscando despachar la mayor cantidad de domicilios en la noche. 

“El horario es relativo. Para obtener un buen dinero hay que llegar desde muy temprano. Aquí hay gente que llega desde las 7 u 8 de la mañana y a esta hora no se ha ido”, dice Johel.

“Si sales a las 7:00 u 8:00 de la mañana, a eso de las 11:00 de la noche puedes tener entre 80 y 120 mil pesos en el bolsillo, pero si no eres disciplinado no haces mucho”, dice. 

Johel sí sabe de disciplina, y la testigo número uno de ello es su motocicleta último modelo. La tiene desde hace tres meses y ya ha recorrido un poco más de cuatro mil kilómetros en ella. 

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A este joven le ha sucedido de todo. En tres oportunidades se ha caído de su vehículo, ha debido discutir con todo tipo de conductor grosero que se le atraviesa sobre la vía pero también ha tenido que sortear en tres oportunidades la incomodidad de clientes mujeres que le han insinuado encuentros sexuales. 

“Una vez estaba entregando una botella de vino con dos cajas de cigarro. De casualidad mi esposa ese día se quedó en la moto esperándome. Cuando subí me abrieron la puerta dos mujeres que estaban desnudas”, cuenta.

En otra oportunidad una joven le pidió una caja de pastillas anticonceptivas, “la chica salió en toalla e hizo que se le caía y yo simplemente di la vuelta y me retiré”. 

El joven también recuerda que la primera vez fue en el centro de Bogotá, cuando aún trabajaba en bicicleta. “En uno de los edificios de universitarios una chica me salió en ropa interior, me pidió que entrara a dejar lo que ella había solicitado, pero tampoco pasé”. 

Johel cuenta que hay muchas historias de Rapitenderos a quienes les hacen el guiño y ellos caen pero después los reportan por abuso y se quedan sin trabajo porque les bloquean la aplicación. 

Estefanía, por su parte, habla de los clientes con los que se han encontrado. 

“Es increíble que hay unos a los que nos toca devolverles 50 pesos y si no los tenemos, nos hacen ir a cambiar el billete hasta que logremos darles las vueltas”.

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Por el contrario, hay compañeros que han logrado grandes propinas. “A nosotros nos ha ido bien. Varias veces nos han dado hasta 15 mil pesos de propina. Hay quienes nos dan 5 ó 10 mil pesos”

“A un compañero la vez pasada le pidieron un domicilio para la embajada de Chile y de propina le dieron un billete de cien dólares”, relata.

De lo más duro que ha vivido esta joven, es desprenderse durante las noches de su pequeña.

“Ella es muy juiciosa y es muy consentida por su abuelita, pero me pega duro porque yo me sé su horarios y ahorita a las 3:30 (de la mañana), por ejemplo, me acordé que le tocaba el tetero y yo no estaba a su lado”.

Fuente

Sistema Integrado de Información

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