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Niñas de la comunidad triétnica
Niñas de la comunidad triétnica, en Bogotá.
RCN Radio

¿Sabía usted que en las noches hay personas que trabajan acompañando el proceso de recuperación de niñas con problemas de abandono y drogadicción? 

Pues sí. Ese es la labor de Andrea*, una licenciada en psicología y pedagogía que todos los días trabaja desde las 5:00 de la tarde hasta las 6:00 de la mañana en una fundación para niñas abandonadas, con problemas familiares o con problemas de consumo de sustancias psicoactivas. 

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Su trabajo no es nada fácil. Bajo su responsabilidad está la difícil función de escuchar todas las noches a niñas que llegan de diferentes partes del país con problemas serios de drogodependencia, abusadas sexualmente, abandonadas o que nunca fueron adoptadas. 

La fundación para la que trabaja tiene un convenio con el ICBF, allí Andrea* tiene que jugar el papel de mamá de 62 niñas. Darles un abrazo, abrigarlas, escucharlas y hasta contarles un cuento para que puedan dormir, funciones que no están descritas dentro de su contrato, pero su vocación le obliga a hacerlas.  

Aunque ella sabe que su trabajo debe ser netamente profesional, reconoce públicamente que tiene un afecto especial por tres jovencitas a las que ha visto crecer, reír, llorar y soñar. 

Una de estas jóvenes le contó a RCN Radio que Andrea se ha convertido en su ‘mami’.  

“Llegué a los 19 años en un estado depresivo, Andrea empezó a apoyarme emocionalmente, y en este momento puede ser desde mi mamá, hasta mi hermana, y yo sé que siempre va a estar ahí para mí porque se ganó mi cariño, cuando he querido retirarme del ICBF ha sido ella quien me dio motivos para salir adelante”.  

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Esta joven ha tenido que sufrir de todo en la vida. Fue abandonada desde sus siete años en el Guaviare, su madre adoptiva tampoco pudo acompañarla en sus doce años de proceso. Desde hace un año llegó a Bogotá para iniciar sus estudios universitarios cobijada por el programa ‘Sueños’.   

Aunque ha querido retirarse de su proceso en el ICBF (lo cual puede hacer voluntariamente luego de los 18 años), esta mujer de 20 años persiste en hacer realidad sus sueños y por eso es que se prepara profesionalmente. 

“Me va a dar muy duro cuando me vaya y deje de ver a mi ‘mami’ pero en 5 o 10 años yo me veo casada, con hijos y viviendo en Europa con mi propia academia de bailes autóctonos de la región llanera, quiero resaltar en el exterior la cultura de mi país”.  

 Así como a ella, Andrea* le ha abierto las puertas de su vida a otras dos menores con problemas de adoptabilidad, generalmente los menores que no son adoptados antes de sus nueve años deben terminar de crecer bajo protección del ICBF puesto que es muy difícil que sean acogidos en alguna familia.  

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En la fundación dónde trabaja Andrea* convergen 62 mundos diferentes, 62 historias de abandono, de abuso, de drogadicción y de soledad. Historias que con esfuerzo, disciplina y dedicación se transforman de a pocos en historias de superación personal, de esperanza y sueños cumplidos.   

Los problemas de convivencia no faltan, sin embargo, Andrea* asegura que a ella no le han hecho motines y que pesar de que a veces tiene que ser rígida y dura con sus ‘hijas’ generalmente resuelven los problemas a través del dialogo.  

Y así, noche a noche la labor de esta mujer es ser la familia que la vida le negó a estas 62 jovencitas y a las demás que lleguen a esta fundación. 
 
*El nombre ha sido cambiado por razones de reserva y seguridad.  

Fuente

Sistema Integrado de Información

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