Cargando contenido

Están abandonados por el Estado, sin ayudas económicas ni médicas y en algunos casos debieron hasta comprar su libreta militar. 

Soldados de la toma de Miraflores
RCN Radio

Estaban planillados para 18 meses de servicio militar obligatorio y aunque duraron solo 13 días, llevan 21 años de una serie de procesos para tratar de superar "la horrible noche" del 3 de agosto de 1998. 

Para esa noche de lunes, unos 70  policías de Antinarcóticos y 120 militares, fueron sorprendidos por aproximadamente mil guerrilleros de las Farc que llegaron armados hasta los dientes para protagonizar la toma más grande que ha podido contar la historia reciente de Colombia: la famosa toma de Miraflores. 

Tener 18 años es símbolo de inmadurez, es el momento en el que un ser humano empieza a sortear los afanes de la vida, es, tal vez, la época en que uno deja de ser un niño para “convertirse en hombre”, pero para estos jóvenes, ese capítulo no existió.

Lea también:  'Tinteras' de Bogotá se tomaron un tinto con RCN Radio

Para estos jovencitos de apenas 18 años cumplidos, vivir ese episodio significó morir por completo a su juventud y a sus sueños y haber tocado un infierno lleno de demonios con fusiles, cilindros bomba y todo tipo de armas de largo alcance que tenían el objetivo claro de asesinarlos. 

21 años después no han podido borrar de sus memorias cada paso que dieron a partir de las 5:50 de la tarde de ese lunes cuando faltaban cuatro días para que Andrés Pastrana tomara posesión como Presidente de la República.

El soldado regular, José Agustín Villanueva, cuenta que su teniente los citó de manera urgente el domingo anterior en la noche y les dijo que tenían que salir porque se sabía de la presencia del enemigo a través de túneles. 

“Salimos hacer un registro a donde teníamos planeado pasar la noche. Durante el recorrido vimos personas, en especial niños que se agachaban entre los árboles y creímos que estaban jugando. Un poco más adelante vimos que a unos 150 metros de distancia había sombras entre los arbustos”, relata.

Le puede interesar:  "Escobitas" se tomaron un tinto con Rcn Radio

“Llamamos al teniente Bermeo y él les pidió un salto y seña y ellos le respondieron: 'somos del dos mil', después volvimos a preguntarles por el salto y seña y ellos nos preguntaron a qué frente pertenecíamos, cuando les dijimos que éramos del Ejército, fue cuando empezó todo”, contó. 

A partir de ese momento empezó el intercambio de disparos más largo de sus vidas. 26 horas lograron soportar en medio de un torrencial aguacero antes de que se les acabaran las municiones. 

“A los 25 minutos de haber iniciado empezamos a pedir apoyo aéreo porque vimos que llegaba bastante guerrilla. Llegaban en camiones, en lancha y hasta en caballo, pero la respuesta era que el helicóptero estaba tanqueando y que debíamos esperar 20 minutos”. 

Villanueva aseguró que pasadas las 8:00 pm, los subversivos cambiaron las balas por explosivos y desde entonces les atacaron con granadas y cilindros bomba. 

Lea también: ‘Mamá’ de 62 niñas se tomó un tinto con RCN Radio

Este soldado regular tiene incrustada una bala de galil 762 en su cabeza y cuenta el cuento de milagro. 

“En el arrastre bajo una bala le atravesó los dos pulmones a mi compañero y cuando sale de él me pega a mi en la cabeza. Esa bala si lo coge a uno a 300 metros de distancia, fácilmente le vuela la cabeza y no perdí la vida porque no me tocaba”, narró con bastante afectación emocional. 

José Agustín Villanueva hoy tiene 39 años de edad y los últimos 21 los ha pasado esperando algún aporte del Estado. Pese a tener una bala incrustada en la cabeza no lo pensionaron y en la actualidad debe estar medicado porque desde entonces no duerme, dura hasta 36 horas despierto, sufre de depresión y ha tenido episodios de agresividad. 

Otro de los casos es el del exsoldado Rafael Rodríguez, quien al igual Villanueva y más de 30 compañeros entre militares y policías fueron secuestrados. 

“Después de las 26 horas de combate se nos acabó la munición, optamos por escondernos en la maraña, pero desafortunadamente era tanta guerrilla que nos encontraron, dijeron ‘ahí están esos chulos hijueputas’ y nos apuntaron con fusiles en la cabeza y ‘quédense quietos sino los matamos’...  Nos desarmaron, nos quitaron las chaquetas, los chalecos, el armamento y nos golpearon. En mi caso personal me cortaron la cara y me patearon porque tenía el fusil de un guerrillero que había dado de baja”, cuenta. 

Lea también: “Coteros” de Corabastos se tomaron un tinto con RCN Radio

“De ahí nos llevaron caminando por el monte aproximadamente unas 2 horas y nos llevaron al campamento médico que tenían, nos tuvieron hasta la madrugada y como a las 5:30 o 6 de la mañana nos montaron en unos jeeps  y nos llevaron a un punto que se llama Buenos Aires que queda como a hora y media de Miraflores, Guaviare, por trocha”, agregó.

El exmilitar también manifestó que “estando allí en ese pueblo, todos heridos, nos amarraron con cadenas de pies y manos, nos golpeaban, nos encierran en unas mazmorras que tenían en ese pueblo, les preguntábamos por cuánto tiempo nos iban a tener ahí, y nos decían que si se aburrían nos mataban, que no esperáramos nada bueno”. 

Rodríguez relató que “nos tuvieron aproximadamente dos o tres meses secuestrados, yo la verdad perdí la noción del tiempo en ese momento porque ni el sol nos dejaban ver, sin comida, sin agua, nos tocaba hacer del cuerpo ahí mismo donde estábamos delante de todo el mundo”.  

El exmilitar también manifestó la travesía en medio de su secuestro.  

“A mí me habían pegado dos tiros en una pierna, tenía laceraciones en la cara, había un compañero que tenía una esquirla de una granada en la nuca, uno que tenía una ojiva en la cabeza, otros compañeros heridos en los brazos y en las piernas, nos daban droga, pero lo esencial”. 

“Dormir es un reto para nosotros, las pesadillas después de tantos años aún persisten, el delirio de persecución, el estrés; salir a la calle no es fácil para nosotros y es triste que el Estado nos tenga en el abandono que nos tiene”, agregó Rafael.

El exsoldado aseguró que no pudo ni siquiera reclamar su libreta militar. “Para ninguno son buenas las condiciones, prometieron una vivienda que nunca han dado, en mi caso personal mi libreta militar me tocó comprarla como si se me hubiera perdido porque nunca me la quisieron entregar”.  

“Cuando fui a reclamarla me dijeron que sí la quería que fuera hasta el batallón en dónde ha prestado servicio, y hace 21 años ir a José del Guaviare era un reto. Por lo menos ya hay vías hasta allá, anteriormente eran trochas y la guerrilla estaba por todo lado. Opté por comprarla de segunda y no tengo conducta ni nada, no he recibido nada del estado”, relató Rodríguez.   

 Por otra parte, Antonio José Ochoa, abogado de Funvides, organización que representa a las víctimas de la toma dijo que “cuando ocurrió la toma ellos quedaron completamente desprotegidos, en la indigencia para no decirlo de otra manera, y hoy 21 años después algunos han logrado la pensión a través de acciones judiciales, pero otros aún siguen la indigencia”. 

“El llamado que se hace al gobierno y al Congreso de la República es que dentro de la ley que van a sacar para pensionar a los cadetes del atentado del ELN en la escuela General Santander, que es muy buena idea porque son víctimas, se incluyan también a estos soldados que llevan 21 años en la indigencia para que se les protejan sus derechos”, añadió Ochoa.

Fuente

Sistema Integrado de Información

Encuentre más contenidos

Fin del contenido