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Elizabeth contó parte de su vida y lamentó el crimen de varias de sus compañeras.

Trabajadora sexual se tomó un Tinto con RCN Radio
RCN Radio

El popular barrio Siete de Agosto es muy reconocido en Bogotá por ser el sector de mayor acogida para la reparación de vehículos o para consumir una buena sopa en su plaza de mercado.

Lo que muy pocas personas saben es que a la altura de la calle 67 con carrera 21, hay una “pequeña” zona de tolerancia en donde se encuentran decenas de trabajadoras sexuales con un mundo de historias por contar.

Llegar a esa zona es encontrarse con toda una fiesta durante cualquier noche de la semana. Hay bares con todo tipo de música, hoteles en donde se consiguen habitaciones por horas y vendedores informales que al son del tinto resultan convirtiéndose en amigos y confidentes de aquellas mujeres.

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Este viernes 15 de marzo a las 3:00 de la madrugada nos fuimos hasta ese lugar para tratar de hablar con ellas. Tarea difícil porque prefieren mantener sus vivencias en los más profundo de la privacidad.

Abordarlas no fue fácil. Intentar convencerlas para que hablen de su intimidad resulta siendo un acto heroico. Por fortuna nos encontramos con Elizabeth, una señora de más de 50 años de edad, de los cuales 20 han sido dedicados al llamado “mundo de la prostitución”.

Logró contar con frescura que sus hijos, hermanas y demás familiares conocen muy bien a lo que se dedica.  Es más, al momento de entrevistarla tomó el celular para llamar a su hijo y pedirle que la escuchara.

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“Este es el trabajo del amor. Aquí vienen los hombres que no han podido conseguir afecto, que les queda difícil acercarse a una mujer y uno con gusto los atiende”, dijo.

Asegura que empezó a ejercer su trabajo sexual cuando quedó desempleada pero tentada por aquellas mujeres a quienes veía con buenas cantidades de dinero cuando ella laboraba como recepcionista en un par de hoteles del centro de Bogotá.

“Allá yo empecé a mirar que ellas entraban varias veces al día y empecé a pensar que ese trabajo era como bueno porque yo mantenía limpiando espejos y lavando baños pero ahí no decidí nada”, narró.

“Después me fui a trabajar a Chapinero en otro hotel y al frente quedaba un bar y veía todos los días cómo era que manejaban dinero. Después quedé en embarazo de mi segundo hijo y sin empleo y las muchachas de los bares me metieron a este trabajo”, relató esta despampanante mujer que evidentemente ha  hecho esfuerzos para mantenerse atractiva.

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La sección “Tómese un Tinto con RCN Radio”, fue el espacio para que esta mujer reflexionara un poco y pensara en sus hijos. Está convencida que no quiere que ninguno de ellos llegue al mundo al que a “ella le tocó vivir”.

Su sonrisa nunca se le borra a pesar de lo duro que pueda estar viviendo. Se ríe con facilidad, es extrovertida y está convencida de que su labor es “un trabajo como cualquier otro”.

Su mirada se opaca un poco cuando habla de las compañeras que ya no están. Aquellas que en medio de su condición han sido asesinadas en diferentes circunstancias.

Con un tinto en mano relató cómo es que sus amigas se han desaparecido de este planeta siendo víctimas de sus clientes.

“Eso es muy doloroso. Durante todos estos años me he dado cuenta cómo es que las han matado. Se las han llevado a hoteles y después uno se entera por las noticias que aparecen asesinadas”, narró.

Fuente

Sistema Integrado de Información

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