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Una mujer que deja su hijo menor de edad sólo y un joven que combatió contra las Farc, son dos de las historias. 

Trabajadores de “caldo parao” se tomaron un tinto con Rcn Radio
RCN Radio

Uno de los lugares tradicionales que resulta siendo obligatorio visitar en las noches de Bogotá, es el famoso “caldo parao”.

En realidad no es uno sólo, en la capital del país se les llama así a aquellos lugares a los que cualquier ciudadano puede acceder para comprar un caldo, una arepa de cualquier tipo, un buen plato de arroz con carne o con huevos, o un delicioso chorizo.

En Bogotá, cuando miles de restaurantes cierran sus puertas a eso de las 5:00, 6:00 ó 7:00 de la noche, empiezan a encenderse las luces de aquellos establecimientos que suministran alimentos a los centenares de trasnochadores.

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Sin duda, uno de los sectores más emblemáticos para conseguir el famoso “caldo parao”, está ubicado en la avenida primero de mayo con carrera 50. Allí, alrededor de una glorieta, el visitante se puede encontrar a cualquier hora de la noche o de la madrugada cerca de 20 establecimientos del mismo estilo.

Dicho sector resulta siendo epicentro de muchas historias de vida que parecen del común, pero con las que personas de todo el país se pueden identificar. 

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Una de esas historias es la de Sandra, madre cabeza  de hogar de un adolescente de 16 años, a quien debe dejar dormir solo todas las noches mientras ella trabaja. 

Es estilista de profesión pero cuenta que desde hace tres años una de sus clientes y dueña de uno de los restaurantes nocturnos le pidió que le ayudara y desde entonces trabaja allí. 

“Me toca muy duro. Todas las noches trabajo. Normalmente llego a mi casa a eso de las 7:00 de la mañana, debo preparar a mi hijo para que se vaya a estudiar, hacer el aseo, cocinar y luego tratar de descansar un rato para luego venirme a trabajar”, relata.

“Lo más difícil es que tengo poco contacto con mi hijo y debo tratar de supervisarlo todo el tiempo a través del celular. Muchas veces me vengo preocupada por dejarlo allí”, relata.

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Sandra, quien cuenta con facilidad lo que siente, confiesa que “hemos llorado juntos porque este estilo de vida es un poco complicado, pero también hablamos mucho y él sabe que es con la idea de brindarle un futuro estable”.

Esta mujer, que parece no superar los 50 años de edad, asegura estar enamorada de su trabajo porque “tengo mucha vocación para atender a la gente, me gusta ser amable, darles una sonrisa y hacer que se sientan como en casa”.

En el lugar, considerado uno de los mejores para ir a consumir arepas rellenas, también está Nicolás, un joven de 28 años.

Su función es estar en la parrilla. Allí tiene la responsabilidad de que los chorizos, las arepas, carnes y demás, salgan en el punto exacto y no se le vayan a quemar. 

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Es padrastro de dos hijos con quienes vive y a quienes todas las mañanas les lleva arepas que dice hacer con mucho amor. Asegura estar casado con “la mejor mujer del mundo” y lo afirma con gran orgullo. 

Vive en la localidad de Bosa, uno de los barrios más populares de Bogotá y siempre se moviliza en su bicicleta. Estudió hasta bachillerato y como soldado regular prestó el servicio militar en una de las zonas más rojas del país como San José del Guaviare. 

Tuvo varios combates con las Farc, debió accionar su fusil en distintas oportunidades y contó que una noche la detonación de dos granadas le quitó la vida a dos de sus compañeros. 

“Fue un combate de más de cuatro horas. Disparábamos pero no sabíamos hacia dónde ni a quién, porque estaba muy oscuro, pero lo cierto es que nos tocó esperar los apoyos”.

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“Veíamos muchas balas que pasaban por nuestro lado y hacia allá disparamos mientras pedíamos a gritos por el radio que llegaran los refuerzos. A los compañeros muertos sólo pudimos verlos cuando amaneció”.

“Esos son momentos de mucha angustia. Uno no quiere vivir eso, pero tocaba por la responsabilidad de defender este país”, dice

“Cuatro de mis compañeros debieron entrar en tratamiento sicológico y dos de ellos no se pudieron recuperar, realmente esa noche fue terrible”. 

Nicolás dice que ahora ha nacido un amor especial por la cocina, espera contar con la oportunidad de prepararse y avanzar como todo un profesional. 

Fuente

Sistema Integrado de Información

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