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Cementerios en Colombia
El 72% de los colombianos encuestados no desea morir.
Foto: Colprensa

¿Usted sería capaz de pasar una noche en un cementerio? ¿le daría susto hacerlo?.

La historia de hoy en Tómese un Tinto con RCN Radio es la de Daniel*, un hombre que desde hace más de 15 años pasa sus noches, literalmente, en los cementerios.

Es guarda de seguridad y en la actualidad  presta sus servicios para el Cementerio Central,  uno de los más emblemáticos de Bogotá, ubicado sobre la calle 26 con carrera 24.

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En dicho lugar, en donde reposan los cuerpos de 14 expresidentes de Colombia y de históricas figuras públicas como el poeta José Asunción Silva y Leo Kopp, fundador de la cervecería Bavaria, es en donde Daniel asegura que ha tenido contacto con “fuerzas” que no hacen parte de este planeta".

Este padre de seis hijos es un poco místico, tal vez por la cantidad de años que lleva “viviendo” al interior de estos lugares. Con mucha tranquilidad relata que debe cuidar el predio de ladrones que llegan hasta allí para hurtar floreros, glosarios y en algunas oportunidades los huesos de los fallecidos para practicar algún rito demoníaco.

“Aquí varias veces hemos encontrado tipos que destapan las tumbas para robarse los huesos y hacer brujería, son medio locos. Uno no entiende para qué se los quieren llevar”, cuenta.

Cumple horarios de 12 horas como cualquier guarda de seguridad. Su turno inicia a las 5:00 de la tarde y su primer acto, una vez se ha cambiado, es tener unos minutos de oración para pedir la protección divina.

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Si hay algo que sí me da miedo es empezar la jornada sin pedir a Dios que me acompañe. Yo soy de los que cree que cuando oscurece, bajan los demonios a hacer daño a esta tierra y lo digo por experiencia”.

Asegura haber escuchado pasos de mujeres en tacones, cuenta que en ocasiones se oyen unos niños juguetones que tocan maracas y cree, con plena seguridad, que los perros asignados a él y sus otros tres compañeros, siempre ven espantos.

“Los perros varias veces han visto fantasmas. En las cámaras se ve cuando ellos corren detrás de los espantos y cuando se van acercando quedan privados”, relata.

“Aquí todo el tiempo hay pasos de mujeres que corren en tacones y en varias oportunidades hemos escuchado las voces de varias de ellas”.

Daniel no duda en contar que a los compañeros de seguridad, al igual que a los perros, los han dejado privados, pero por fortuna “ninguno ha llegado a fallecer”.

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Este no es el primer cementerio en el que trabaja. Este hombre, oriundo de Bucaramanga en Santander, también trabajó en Cúcuta.

“Allá tuve la oportunidad de ver bajar del cielo a una mujer, pude hablar con ella y le pregunté si tenía permiso para hablar conmigo, me dijo que sí y que me felicitaba”, es una de las tantas historias que recuerda.

En otra oportunidad, dice él, vio a una niña que se le apareció a menos de diez metros de distancia, pero “ella no me habló y yo tampoco porque se  me hizo un nudo en la garganta”.

Periodísticamente es difícil abordar a un guarda de seguridad de un cementerio y preguntarle por cosas ajenas a las vivencias propias de su trabajo, pero Daniel con su forma sencilla de ser, nos dejó la enseñanza de la importancia de vivir cada día como si fuera el último.

Fuente

Sistema Integrado de Información

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