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Al ser humano siempre le ha costado afrontar algunas situaciones en las que se involucra alguien más, pues con el temor de no hacer daño, a veces las personas se retraen de decir o hacer lo que realmente quiere. Este tipo de situaciones se dan normalmente cuando se desea dar un mala noticia. Bien sea para terminar una relación, despedir a alguien o anunciar un fallecimiento, son noticias que nadie quiere dar y cuando lo hacen, normalmente lo hacen mal. Los profesores de lingüística Alan Manning, de la Universidad Brigham Young, en Utah, y Nicole Amare, de la Universidad del Sur de Alabama, realizaron una investigación con el apoyo de un grupo de personas que fueron sometidas a varios métodos para definir cómo era mejor dar malas noticias. El experimento consistió en colmar a los participantes con una serie de informaciones no gratas presentadas de formas variadas como visuales, textuales y verbales. (Lea también: Conoció al amor de su vida en una discoteca y después se enteró que era un príncipe) Después de realizar el experimento a 150 personas, Manning y Amare concluyeron que definitivamente el humano prefiere y valora que le digan las cosas con franqueza y de forma directa. Es decir, si desea terminar una relación con alguien, lo más oportuno sería iniciar con la famosa frase "tenemos que hablar", ya que automáticamente prepara psicológicamente al otro para recibir la mala noticia, pero, si antes de decir la verdad, inicia con una actitud amistosa y hablando de cualquier cosa, normalmente generará confusión al receptor cuando por fin entre en materia. Según Alan Manning, negar los hechos no sirve de nada. Por ejemplo si alguien tiene cáncer, esa persona va a preferir que su médico le hable con toda franqueza. "Si tu casa está ardiendo, tú quieres saberlo para poder salir. Y si tienes cáncer, lo mismo. Quieres saber la verdad y escuchar al médico sin rodeos", aseguró Manning. "Desde el punto de vista de quien tiene que contar algo malo a otra persona, sin duda es psicológicamente más cómodo endulzarlo y dar rodeos, lo cual explica que antes se aconsejara hacerlo de esta manera. Pero nuestra investigación parte de la premisa de ponerse en el lugar de quien recibe la mala noticia y qué forma de recibirla te parece menos desagradable. Y la realidad es que los receptores prefieren la forma directa", dice Manning.