Un empresario de radio salvó su vida durante los sucesos del Bogotazo y de una manera particular avisó a su familia que estaba bien.

Bogotá ardía ese 9 de abril y su padre fue detenido mientras transmitía en la Emisora Nueva Granada, que interrumpió la programación habitual para poner al aire música fúnebre.

María Victoria era una niña y unos de sus recuerdos más intensos es la forma que su papá silbaba su nombre, como una manera muy suya de consentirla y de decirle lo mucho que la quería.

A Enrique Ramírez, el fundador de RCN Radio, las fuerzas conservadoras lo apresaron en su propia radio, mientras que a su hermano Roberto, quien era el presidente de la emisora Nueva Granada, lo llevaron a una cárcel en la ciudad de Medellín.

Bogotá ardía en llamas, mientras Enrique prendía y apagaba la emisora para que los leales al gobierno entregaran pretendidos mensajes de tranquilidad tras la muerte de Jorge Eliécer Gaitán.

Hombres armados saqueaban e incendiaban lo que se topaban a su paso, cuando uno de los leales trabajadores de la radio fue hasta la casa familiar ubicada en el exclusivo sector de Teusaquillo, para llevar dinero que permitiera que su esposa y sus cuatro hijos se trasladaran de inmediato  a la ciudad de Manizales.

En su casa se desayunaba, almorzaba y comía escuchando la radio. Había más de ocho radios distribuidos en la cocina, en el baño, en las habitaciones y uno colgaba de una de las sillas del comedor para que el empresario no perdiera detalle de lo que pasaba en su radio.

Mucho tiempo tendría que pasar para que don Enrique pudiera tener su primer transistor para caminar por toda la casa mientras chequeaba con carácter inquisidor todo lo que se decía al aire.

Ahora en la casa de la abuela la familia sufría lo indecible mientras la capital era un caos y las voces enardecidas de las radios clandestinas seguían invitando a salir a la calle.

En medio de la incertidumbre ocurrió un milagro cuando la niña empezó a escuchar un silbido, que para la familia era simplemente la manera que ella tenía de expresar  preocupación por la falta de su padre.

“Mi papá me está llamando y me está diciendo María Victoria con ese silbido especial”, fue lo que pensó de inmediato.

Mientras Bogotá se destruía, el dueño de la Nueva Granada silbaba en la mañana cuando prendía la emisora y en la noche antes de apagarla, como una manera de decir “estoy bien”.
 

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