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¿Agua en Aracataca?

A Aracataca llegó el telégrafo en 1894, el ferrocarril en 1908 y el acueducto en 2014. Más de 100 años después del tren, los cataqueros por fin abren la llave y el agua sale, al menos buena parte del tiempo. En octubre del año pasado la situación empezó a cambiar. Antes de esa fecha el agua llegaba de 4 a 8 horas a la semana, y en ciertas zonas del pueblo la presión era tan baja que llenar un vaso podía tardar 15 minutos.

No ha sido fácil, varias veces se prometió el acueducto, con fiestas y gritos de políticos, y al final salían peces de la llave. O agua contaminada por los pesticidas que llegaban de las plantaciones de la zona. Sí, en algunas casas había agua, pero la bocatoma quedaba en el recorrido de plantaciones de banano y palma. Los residuos de aquellas plantaciones se filtraban en el agua que tomaban los cataqueros. Cuentan los extranjeros que antes, cuando empezaron a llegar docenas de extranjeros buscando a Macondo con 100 años de Soledad en la mochila, se enfermaban solo con bañarse.

El cielo está despejado. No se ve nada distinto al cielo azul y los pájaros que anidan en los árboles frutales. El pavimento está seco, con grietas por el calor, pero no los andenes y las esquinas. El agua corre pueblo abajo hasta llegar al ferrocarril. No hay cultura de ahorro de agua, me dice un profesor del pueblo, acá la gente abre la llave y si sale, la dejan correr.

Paradójico que un pueblo sin acueducto tenga los andenes y las esquinas húmedas, como si se pudieran dar el lujo de desperdiciar lo que no tienen.

Pero en 2013 empezó a cambiar la suerte de los cataqueros. En los barrios de la periferia el agua llega, ellos llenan las albercas en las que almacenan las provisiones y algunos arriesgados hasta se atreven a bañarse y beber esa agua sin tratar. En estas casas de la periferia, como si se tratara de una descripción mágica de García Márquez, algunas casas no tienen los interruptores de luz que conocemos, los de botón, acá utilizan jeringas para prender la luz. Inyectan energía. La abuela presiona la jeringa y “el foco se prende”, si lo quiere apagar suelta el embolo y el cuarto oscurece.

El agua, ahora y antes, llegara o no, la cobraban. Cuánto les están cobrando por el agua sin tratar, pregunto, 5,300 pesos, contesta doña Ruth, que con 93 años no ha visto a su Aracataca con acueducto y alcantarillado. En marzo, promete el Ministerio de Vivienda – que ha asumido todo el costo del proyecto - terminarán dos obras de redes, unos cruces para llevar el agua tratada al centro del pueblo y 800 metros de red matriz para poder conectar la parte baja del centro de Aracataca.

Magaly, que vive en la periferia, en una de las casas que desde octubre de 2013 tiene agua constante, espera construir el baño este año. Por ahora, dice, hay que seguir usando un balde. ¿Y el alcalde y los concejales?, le pregunto, “por aquí no les hemos visto la cara, en elecciones vienen y lo visitan a uno y después, uhhmmm, se olvidan”.