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La detonación de una bomba instalada en una escultura de Fernando Botero dejó 24 víctimas mortales.

Parque San Antonio.
Ana María Londoño

A las 9:20 de la mañana del 10 de junio del 1995, el estallido de diez kilos de dinamita opacó la música de 'Los Cariñosos del Vallenato', que amenizaban una feria cultural en el parque San Antonio en el centro de Medellín.  

El explosivo, que fue instalado en la escultura 'El Pájaro' de Fernando Botero, acabó con la vida de 24 personas y dejó heridas a otras 200. 
 
Este lunes se cumplieron 24 años de esta tragedia y la Alcaldía de Medellín organizó un homenaje para recordar a las víctimas. Con una calle de honor y un camino de velas blancas, los actuales visitantes del parque rechazaron nuevamente la violencia. 
 
Natalia tenía 10 años y ese 10 de junio estaba acompañando a sus padres quienes vendían artesanías en una carpa del parque. Ella estuvo sentada en la escultura minutos antes de que detonara la dinamita.

Narró que cuando ocurrió la explosión “escuchaba a mi mamá que me decía que buscara ayuda, yo no sentía mis pies y me arrastré hasta la avenida Oriental donde me auxiliaron”. 

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Natalia se dio cuenta de la muerte de sus padres varios días después, cuando fueron sepultados en un cementerio de la capital antioqueña. 
 
Pese a que, horas después del atentado, se reportaron algunas capturas, hasta el momento no hay personas condenadas por este hecho. 
 
En medio del caos, por la cantidad de heridos que llegaron a los centros asistenciales de la ciudad, comenzaron a tomar fuerza dos hipótesis sobre las causas del atentado. 
 
La primera tenía que ver con una retaliación contra Fernando Botero Zea, hijo del artista Fernando Botero y autor de la obra, por la captura de uno de los jefes del cartel de Cali.  

Sin embargo, a los pocos días, una milicia de las Farc se atribuyó el atentado en señal de protesta por el gasto de 800 mil dólares que costó El Pájaro. 

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Enfurecido por la acción de los terroristas, Fernando Botero donó una segunda escultura idéntica a la que fue destruida con la condición de que esta se quedara en ese mismo punto como un monumento a la imbecilidad.  
 
En 2009 la escultura semidestruida fue trasladada a Plaza Mayor durante la Asamblea del BID. Una vez fue levantada, en su lugar se encontraron una cantidad de monedas de diferentes nacionalidades y estampitas de turistas lamentando lo ocurrido.

Ese se volvió uno de los puntos más visitados de la ciudad porque representa el alcance de los grupos armados, pero también la resiliencia, característica casi innata en los colombianos. 

Fuente

Sistema Integrado de Información

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