Cargando contenido

'La Catedral', que le costó a Escobar más de 30 mil millones de pesos, en su momento se convirtió en un lugar que muchos describen de "perdición", Escobar no sólo asesinaba personas, también hacía orgías y hasta jugaba fútbol con grandes figuras del deporte y con las cabezas de sus víctimas, a las que descuartizaba y luego incineraba con leña de la montaña y un pegante que se llamaba XL.

"La gente de Envigado se quejaba porque veían constantemente humo negro saliendo de aquel lugar. Ellos sólo decían que estaban quemando una madera y así quedaba todo", afirmó el hermano Elkin Vélez.

El sitio, que se suponía de máxima seguridad, era tan vulnerable, que según testigos de la época, el mismo Pablo tenía previsto por dónde se iba a escapar. Se trataba de un muro liviano pegado con yeso que tumbaron a patadas el día de la fuga.

La Policía y el Ejército, según versiones, sabían que el Capo evadía constantemente su lugar de reclusión y esa madrugada subieron lentamente mucho tiempo después que el Capo había bajado hacía Envigado.

"Él dominaba", dice Vélez, "8 kilómetros desde el primer retén de la carretera y 15 kilómetros a la redonda, y en un garita tenía un telescopio que se robaron, por el que chequeaban a todos los pasajeros que llegaban al aeropuerto Olaya Herrera de Medellín".

Dentro de los usos que Escobar daba a 'La Catedral' no sólo estaban las venganzas personales y el deporte. Su obsesión eran las orgías con chicas que le "subía" desde Medellín y municipios aledaños la gente que trabajaba para él, porque pagó toda su seguridad mientras estuvo allí.

La habitación de las orgías de Escobar tenía una cama redonda, un jacuzzi y toda estaba cubierta en mármol italiano, que luego fue robado. Enseguida estaba la denominada 'Casa de las Muñecas', donde recibía las visitas de su familia y jugaba con su hija.

El religioso Benedictino dijo a RCN La Radio que, "desde hace 6 años que estamos aquí se sienten, aunque cada vez menos, las energías negativas que dejó, porque aquí hubo mucho odio y mucha sangre. Yo mismo he visto en la noche antes del Rosario, siluetas y figuras en medio de la niebla, y cuando nos acercamos, se van desvaneciendo poco a poco. Se sienten gritos, se escuchan puertas cerradas violentamente y algunos lamentos, pero todo ha ido mermando con nuestra oración".

Este es el panorama 22 años después de la que fue la mansión carcelaria del capo más sanguinario que ha tenido el narcotráfico en Colombia: Pablo Escobar.