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Imagen referencial // Foto: Ingimage



El trabajo de cuidado que realizan las Au pair colombianas es invisibilizado y en ocasiones camuflado bajo nociones como “intercambio cultural”, “hermana mayor” y “tareas sencillas del hogar”, entre otras, que dan pie a un fuerte trabajo doméstico mal remunerado, según un análisis de la antropóloga Juliana Quecan, magíster en Estudios de Género de la Universidad Nacional.

En su primer acercamiento, la antropóloga encontró que en los países desarrollados existe una fuerte y creciente demanda de empleadas domésticas, la cual obedece a los cambios sociodemográficos, culturales y económicos que se están presentando en estas sociedades, como el envejecimiento de la población, la participación de la mujer en el campo laboral y el aumento de hogares monoparentales, entre otros.

"Esta modalidad no se trata solo de un simple programa de “intercambio”, sino que en ella se insertan modernas lógicas de explotación laboral que encierra la creciente feminización de las migraciones internacionales", aseguró Quecan.

El programa Au pair está dirigido a jóvenes, principalmente mujeres, entre 18 y 26 años que vienen de países subdesarrollados y desean viajar al primer mundo en calidad de “niñeras” en familias que a cambio del cuidado de sus hijos les ofrecen un bono económico, el aprendizaje del idioma y conocer la cultura del país receptor.

Según Quecan, esta práctica también implica que las Au pair se vuelvan una figura invisible dentro de los fenómenos migratorios actuales.

Colombia se considera un país expulsor de población, pues según el censo 2005 más de tres millones de colombianos residían fuera del país (8,08% de la población total) y las jóvenes colombianas que migran por medio del programa son profesionales o universitarias.

Menos de un salario mínimo


Por medio de la netnografía, la antropóloga magíster evidenció que “las tareas sencillas del hogar” que promueve el programa como parte de las obligaciones de la Au pair se vuelven un término ambiguo que promueve la explotación del trabajo del cuidado de las mujeres, teniendo en cuenta que el bono económico que reciben por estas labores es menor al salario mínimo de estos países.

“Dado que Au pair es “vendido” como un programa de intercambio cultural, se esconde la realidad de las labores que son trabajo; por ejemplo, la familia anfitriona te pide que cocines comida colombiana, para conocer un poco de tu cultura, pero al pasar los meses te das cuenta de que eres la cocinera de la casa”, dijo Quecan.

En el segundo tipo de experiencia, las jóvenes asumen Au pair como un trabajo y negocian las salidas y las actividades a realizar con las familias, con lo que también se logra tener una experiencia positiva.

La tercera clasificación es cuando las jóvenes rechazan y se oponen a las actividades de servicio doméstico asignadas, por ir en contra de los falsos ideales de Au pair, lo que genera que las familias las denigren, discriminen y exploten, en cuyo caso se obtiene al final un saldo negativo del programa.