Cargando contenido

Ahora en vivo

Ahora en vivo

Seleccione la señal de su ciudad

Viajar a una zona donde sea común el fenómeno de aurora boreal puede ser una experiencia única
Viajar a una zona donde sea común el fenómeno de aurora boreal puede ser una experiencia única
Ingimage (Referencia)

Muchos pensaron que estaban a punto de cocinarse en las pailas del infierno, cuando sobre Montería empezó a verse el resplandor de un fenómeno no visto para entonces y nunca repetido.

La historia relata que mientras se registraba el fenómeno de una aurora boreal en el año 1859, los afanados habitantes rezaban la oración de “Los siete derramamientos de sangre de Nuestro Señor Jesucristo” que dice “sangre preciosa por mi amor vertida, purifica mi alma de tanta malicia”.

Un libro que se llama “Historia de Montería”, recoge las versiones que para entonces entregó el sacerdote de la Catedral de Montería, José Inés Ruiz, de quien los especialistas destacan su capacidad para interpretar el fenómeno que se estaba registrando para entonces en el mismísimo trópico y lejos de su espacio natural que es el hemisferio norte y sur, cerca de los polos.

La aurora boreal fue definida entonces como “un fenómeno celeste que semejaba un incendio de vastas proporciones” y descrita como “unos negros nubarrones surcados a cada instante por candelazos de extraños fulgores, inmensas lenguas de llamas”.

Durante mucho tiempo la historia se contó de boca en boca y luego fue documentada y escrita teniendo en cuenta las anotaciones hechas por el padre Ruiz en los libros oficiales de la parroquia.

Así como es de sorprendente descubrir que un fenómeno cósmico de tal naturaleza pudo verse en la Costa Atlántica de Colombia, lo es mucho más comprobar que fue igualmente visto en el Caribe y el Centroamérica.

La investigación recogida permitió establecer que mientras era gobernador en Panamá, Rafael Nuñez observó la aurora boreal y que por ello en la primera estrofa del himno nacional, justo después de que cesa la horrible noche, hay una referencia a la libertad que “derrama las auroras, de su invencible luz”.

Han pasado 163 años desde la ocurrencia del fenómeno y aún en estos tiempos la noticia de que una aurora boreal pudo ser vista en Colombia, produce asombro y hasta incertidumbre.

Como es que confluyeron todos esos factores que permitieron que esas explosiones producidas en el sol se convirtieran en partículas luminosas y en materia viva cuyos relumbrones pudieron ser observados en nuestro país.

Que pasó entonces con ese material cargado de electricidad que interactuó con la tierra para generar esas tormentas solares que hicieron pensar a los cordobeses que el mundo se iba a acabar.

En este episodio de “Que no falte la crónica” encontraremos las explicaciones de por qué se llaman “Carrington” el fenómeno, como es que los observatorios del momento pudieron detectarlo, como es que fallaron los sistemas de comunicación que emplean señales eléctricas y que factores se conjugaron para que fuera visible en el trópico.

De la misma manera, contra esa imagen romántica y hasta poética que insinúa la luminosidad de las auroras boreales, entender que es una tormenta geomagnética que expele residuos radioactivos y en consecuencia puede ser un peligro para los seres humanos.

Y como dijo un experto, “esas lindas y bonitas auroras son un peligro” y por fortuna están lejos del trópico.

Fuente

RCN Radio

Encuentre más contenidos

Fin del contenido.