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Grupo Especial de Apoyo de Barranquilla.
Michael Herrera

Cuando la situación se sale de control en medio de las marchas pacíficas, un grupo de médicos y paramédicos corre para auxiliar a quien lo necesite. No importa si es policía o marchante; ellos aseguran que su compromiso es con salvaguardar la vida.

Se trata de cerca de 15 profesionales de la salud, quienes realizan colectas entre amigos y compañeros de trabajo para obtener los insumos con los que atienden a quienes necesitan de sus cuidados en las protestas de Barranquilla. A 15 días de haber iniciado este trabajo, calculan haber atendido a unas mil personas por diferentes circunstancias.

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Michael Herrera, quien es enfermero de profesión, tomó la decisión de unirse con unos amigos de la vida al Grupo Especial de Apoyo (Geda), como se le conoce a esta misión médica. Afirma que todo inició hacia el 4 de mayo en una reunión informal en la que el tema de conversación era los heridos que resultaban de las marchas, ante la ausencia de entidades como la Defensa Civil.

“Esto empezó porque un compañero nos llamó la atención porque veíamos las noticias de que moría mucha gente y no había nadie que se atreviera a ayudar a las personas. Desde entonces estamos saliendo para ayudar a todos porque siempre nos van a necesitar”, expone.

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Habitualmente se ubican a una distancia prudente de los manifestantes, pero su campana de intervención se activa cuando alguien se desploma por las altas temperaturas o por heridas que surgen a partir de cortaduras o golpes de piedras. Sin embargo, la sirena de alerta mayor aplica cuando la intervención del Esmad convierte la calle en una pista de carreras, entre los que huyen de los gases y los que conforman la denominada ‘primera línea’.

“He tenido que atender hombros dislocados. Tenemos que improvisar en el lugar acomodando el hombro. También se dan golpes por caídas. A los policías también les brindamos atención. Nos ayudamos mucho al aplicarnos bicarbonato y leche en la cara para soportar los gases, mientras socorremos a los afectados”, comenta Herrera.

Gabriel Torres, quien es líder de la brigada, confiesa que el momento más tenso lo vivieron el pasado 19 de mayo en el barrio Rebolo, donde tuvo que dar la orden de suspender la atención a manifestantes o policías para concentrarse en la población civil.

“Ese día atendimos como a 500 personas. Evacuamos un jardín infantil y sacábamos a los niños en brazos. Muchos compañeros se arriesgaron. A mí hasta me robaron mi celular. No había garantías porque hasta nosotros resultamos heridos”, señala el brigadista, quien no desiste en seguir acudiendo a las calles a atender heridos, pese a que ese día tuvo que atender a un compañero al que le partieron la cabeza tras ser impactado con una lata de gases.

Ellos constituyen el primer grupo que formalmente asiste a los manifestantes en la capital del Atlántico. Uno de ellos incluso perdió su empleo por las ausencias que le generaba su servicio social en las calles. Finalmente, terminan siendo uno para todos y todos para uno.

Desde el voluntariado piden apoyo a los interesados para que la falta de gasas o alcohol no sea obstáculo para curar las heridas que produce el estallido social.

Fuente

Sistema Integrado de Información

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