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Muchos niños colombianos tienen que trasladarse hasta Bogotá para recibir el tratamiento que necesitan.

El fallecimiento por el cáncer podría disminuir gracias a medidas de detención temprana.
El fallecimiento por el cáncer podría disminuir gracias a medidas de detención temprana.
Foto: Colprensa

El cáncer es una de las primeras causas de mortalidad en niños a nivel mundial. Según el Ministerio de Salud, en Colombia cada año se presentan 1.322 nuevos casos en menores de 18 años y alrededor de 500 muertes en menores de 14 años, siendo la leucemia aguda la primera causa, seguida por los tumores malignos del sistema nervioso central y los linfomas. 

En Bogotá, hace 21 años se creó la Fundación Dharma buscando darle un hogar a los niños que venían de otros lugares mientras accedían al tratamiento.  

Carlos, Hernán y Jonathan llegaron cuando eran pequeños. Hoy con 18, 19 y 16 años respectivamente, ven la vida de forma positiva.  

“Cuando le dicen a uno “cáncer”,  uno no se muere físicamente sino mentalmente, pero nosotros nos mentalizamos y decimos que sí podemos porque el ´no puedo´ no existe. No se pueden dejar los sueños, hay futuro, pues el cáncer no necesariamente significa muerte, y si una persona muere tiene que disfrutar antes mucho la vida” afirman.  

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Edgar Ramírez, funcionario de Dharma, dice que “es curioso, los pacientes con cáncer -aunque sean de corta edad- tienen una gran madurez, desarrollan un instinto de afrontar la vida mucho mejor que otras personas, aunque no sea fácil”.  

Además de manejar la enfermedad a una edad tan temprana, se suma el reto para los menores de desplazarse desde los lugares de origen hacia Bogotá, muchas veces de forma permanente. 

Cuando a un niño lo trasladan a Bogotá “viene acompañado de su mamá o papá, pero ellos desconocen todo de la enfermedad, creen que se trata como una gripa y que después de 15 días van a regresar con su hijo aliviado a su pueblo” explica Ramírez.  

Más allá de eso, el problema en el caso de las familias numerosas, es que las cabezas de hogar se ven obligadas a dejar parte de su familia en otro lugar mientras están pendientes de sus hijos que reciben tratamiento en la capital. Por lo que algunas fundaciones, como Dharma, acepta al paciente solo y lo aloja.    

“A veces las EPSs no responden, es difícil encontrar los medicamentos y los especialistas, entonces nos hacen venir a Bogotá y tenemos que acostumbrarnos a vivir acá” cuenta uno de los pacientes.   

Aunque llegar a una ciudad desconocida, compleja y fria como Bogotá, es la única posibilidad para varios pacientes, existen factores primordiales como el acceso a los servicios médicos; un diagnóstico oportuno y temprano; un tratamiento que tenga la continuidad que se requiere; y un apoyo al paciente y su familia para darle afecto y reconocer sus necesidades y particularidades, que permiten que un niño con cáncer pueda llevar una vida igual a la de los demás.

Fuente

RCN Radio

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