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Dos años después del acuerdo de paz con las Farc, dos exguerrilleras cuentan cómo festejaban navidad y año nuevo, y cómo lo viven ahora.

Navidad en las Farc, dos exguerrilleras cuentan cómo era su celebración
Victoria Sandino e Isabela Sanroque, exguerrilleras de las Farc, cuentan cómo era la navidad y el año nuevo en la guerrilla.
Danilo Arenas - RCN Radio

Diciembre, el mes de las festividades, en el que muchos sueñan con dar y recibir regalos, con compartir en familia. De proponerse metas para el año que viene, de fiestas y comida. Esa es la imagen que tienen la gran mayoría de personas en su cabeza. Pero ¿cómo eran estas celebraciones en la guerrilla de las Farc?

“La navidad y el año nuevo dependían de las condiciones. (Manuel) Marulanda decía que se podía postergar y se hacía tal cual. Con feliz año, con feliz de todo, como es la ceremonia normal”, cuenta Victoria Sandino, hoy congresista del partido Farc. Cordobesa de nacimiento y feminista por convicción. Estuvo 25 años recorriendo Colombia, conoció las entrañas de la guerrilla más antigua del país y ahora desde la capital recuerda cómo fueron aquellos diciembres. 

Es enfática en afirmar que, en esa época, disfrutaban de mucha comida y que también se daban regalos. “Estrenamos vestido: uniforme, ropa interior y regalos”. Sí, en algunos de los bloques, los comandantes asignaban parte del presupuesto para esta celebración, hacían una lista de regalos en las que se podía apreciar maquillaje, lociones, cremas de cara, de cuerpo, esmalte, billeteras, correas, pañoletas y esferos. 

En medio de una sonora risa, Sandino cuenta que desde mitad de año comenzaba a hacer una lista de regalos, la razón de su premura era encontrar el momento adecuado para llevarlos a su ubicación, previendo, muchas veces hasta con seis meses de anticipación, que la situación de orden público se complicara en diciembre y los regalos no llegaron a tiempo. 

“Yo guardaba el licor, porque esa vez nos emborrachábamos y la pasábamos muy rico; cuando las condiciones se daban. Pero, los últimos años casi no podíamos, así que mirábamos cuándo lo podíamos hacer y lo pasábamos para enero”, cuenta Sandino. 

En eso coincide Isabela Sanroque, una mujer de 35 años, que pasó 12 en las Farc, a quien siempre le tocaron celebraciones cuando el año nuevo ya corría. Sanroque es hija única, vivía con su mamá en el norte de Bogotá. Estudiaba Ciencias Sociales en la Universidad Distrital. 

El 23 de septiembre de 2004, cuando cursaba quinto semestre, decidió irse de su casa. A sus 20 años, dejó una carta de despedida para su familia, en la que les decía que se iba a trabajar, y que regresaría en diciembre para pasar navidad con ellos. Tuvieron que esperar más de una década para volver a verla. 

Mientras Isabela se iba de la capital de la República, su familia no entendía qué pasaba. La intención de Sanroque era estar tres meses en la guerrilla, conocer su vida y regresar a Bogotá. Sin embargo, desde que se adentró en la selva colombiana supo que no saldría, encontró en esa lucha su forma de vida y allí se quedó, hasta que el gobierno de Juan Manuel Santos logró una negociación de paz con la guerrilla más antigua del continente: las Farc. 

Viajó a La Habana, Cuba, y desde allá su familia supo que estaba viva, que quizás esa navidad de 2004 que soñaron juntos sería realidad. Las doce navidades que Sanroque pasó en las Farc, fueron diferentes, algunas las vivió entre caminatas. “Eran días muy vulnerables podía llegar el Ejército y nos asaltaba. En el frente al que pertenecía, el Antonio Nariño -el 24-, no se hacía nada”, cuenta Isabela, desde un restaurante en el centro de Bogotá.

Isabela Sanroque cuenta cómo era la navidad en las Farc.
Isabela Sanroque estudia actualmente Ciencias Sociales en Bogotá.
Danilo Arenas - RCN Radio

“Esa primera navidad me desperté a las 12 de la noche, con los compañeros de ahí cerquita, en las caletas, dijimos: Feliz navidad y ya”, recuerda. Isabela es una mujer de tez blanca que no revela su edad. Habla rápido y claro, conoce con precisión su nuevo papel en la organización política. Aún echa de menos esa cercanía y camaradería que tenía con sus compañeros de campamento. 

En su memoria parece intacto aquel 24 de diciembre en el que, desde el cielo, escuchó las típicas canciones de navidad. Al son de villancicos pasó un helicóptero sobre el campamento y con parlante en mano gritaban: “deserten, deserten, el Ejército de Colombia, respeta su vida”. 

Es por eso que las precauciones de la guerrilla eran rigurosas, no querían dar cuenta de su presencia, aunque sí preparaban una comida especial. “Se nombraban comisiones: los buñueleros, los natilleros, los tamaleros. Al otro día, el 25 o el 1 de enero, tomábamos un vinito y galletas”, narra Isabela. 

Al hablar de esta época, las dos recuerdan el vallenato de Lucas Iguarán. Se trata de ‘El 25 en la guerrilla’, una canción en la que narran cómo vivían estas épocas:  “Qué tan lindo el buñuelo, la natilla, también unas botellas de ron” (…) “Comienza el 25 en la guerrilla, donde también se quiere al niño Dios” (…) “Se ponen la mejor ropa que tienen, la menos gastada por el sudor” (…) “Los corazones más alegres se entristecen, recordando lo que tienen en el rincón del hogar”. 

Isabela Sanroque cuenta cómo era la navidad en las Farc.
Isabela solo pensaba ir unos meses para ver cómo era la vida en la guerrilla, sin embargo, cuando llegó decidió quedarse para siempre.
Danilo Arenas - RCN Radio

Pese a los eventuales cambios de fecha de celebración, planeaban fiestas muy organizadas. “Me acuerdo de que pasamos un año nuevo, cerca de Uribe (Meta), en un lugar inmundo, horrible y la natilla la hizo Antonia, -una compañera de toda la vida- y quedó como una colada, se tiraron la natilla”, cuenta entre carcajadas Isabela. 

Esos días eran especiales y algunas de las reglas cambiaban, por ejemplo, el baño era a las tres de la tarde, para acostarse limpio, después del trabajo. Pero cuando había fiesta, era a las 6:30 de la mañana, se acicalaban y desde las ocho sonaba la música. 

Eran rigurosos hasta para repartir el alcohol. “Los que pagaban guardia no tomaban, para que estuvieran cuidando. También se nombraba un cantinero, debía ser una persona seria. En la guerrilla era común el whisky, la cerveza y el ron. La gente hacía fila cada hora y pasaba por su copita. Todo el mundo dejaba las armas en el armerillo. Y disfrutábamos”, cuenta Isabela. 


Las navidades de Victoria 

Sandino llegó a las Farc en noviembre de 1992, de esa primera navidad en la guerrilla recuerda una fiesta enorme, con juegos. “Estábamos en El Pato, con la Teófilo (Forero), había juegos con costales, carreras, voleibol, y en la noche fue rumba hasta el amanecer”. 

Otra de las celebraciones que recuerda, es la de 1997, ese año estaba con unas unidades de Manuel Marulanda en el Yarí, el mismo lugar donde realizaron su última conferencia en 2016. Siete de sus compañeros tenían paludismo y debían moverse de lugar. Así que el 31 de diciembre marcharon, recuerda el peso que debía cargar, pues siempre fue duro para ella. Catorce hombres cargaron a los enfermos en hamacas, otro grupo pequeño llevaba cada uno de a tres equipos, el propio, el del enfermo y el del que cargaba al enfermo. 

Sandino decidió ir junto a los enfermos, pero se cansó y no pudo seguir. Quedó sola con la esperanza que los compañeros que traían el equipaje la alcanzarían, pero no llegaron. “Marché solita, todo el día. No tenía susto del Ejército, del enemigo, le tenía miedo al tigre. Iba cantando, escuché un ruido, como de un cascabelito, y aunque no le tengo miedo a las culebras paré y había un animalote gigantote e impresionante. Lo único que se me ocurrió decirle fue: ay, no, no, por favor, no me mate a mí, a mí no”. 

Luego de hablarle al reptil dio la vuelta, tomó una vara y siguió la marcha. En la noche lograron encontrarse todos y ante la escasez de comida preparó un consomé para darle a los enfermos. Dos décadas después, recuerda que llegaron con los pies y la entre pierna pelados. “Allí había un plástico, lo tendí en el piso y prendí un radio, y les dije: “vamos a bailar, muchos se quitaron los pantalones, por lo que estaban quemados y al otro día marchamos divinamente. Sin una gota de trago, pero la idea era para sentirnos juntos”.  Una semana después, el 7 de enero de 1998, hicieron la fiesta en su campamento. 

Victoria Sandino, congresista Farc
Este año Victoria Sandino pasará estas fiestas con su mamá.
Danilo Arenas - RCN Radio

Otra de sus anécdotas navideñas es de dos años después: “Estando en la Unidad de Alfonso (Cano), el 24 de diciembre de 1999 estaba en el Magdalena Medio, viajé a Barranca, justo en medio de un enfrentamiento entre nuestras unidades y las de los paramilitares. Me quedé para grabar lo que pasaba. El 26 salí de Barranca, compré mucho pescado, para 200 personas, tenía que pasar a Bogotá y luego iba para el Cauca. Me compré unos tiquetes aéreos para que no se dañara la comida y cuando Alfonso se enteró estaba furioso porque había gastado mucha plata en los pasajes, pero cuando vio la comida me perdonó y esa fue la celebración del 31”. 


El reencuentro con las familias

Isabela y Victoria fueron dos de las mujeres que viajaron a La Habana, negociaron con el gobierno de Juan Manuel Santos el proceso de paz que hoy les permite estar de nuevo en las ciudades como civiles, sin armas. 

Para diciembre de 2016 Isabela y sus compañeros ya estaban la zona de pre agrupamiento de Icononzo, Tolima. Allá hicieron su primera fiesta de 24 -después del acuerdo- aunque aún usaban sus uniformes. El ahora congresista Carlos Antonio Lozada se encargó de la ceremonia, sus palabras hicieron que los excombatientes terminaran llorando. Isabela dice que fueron lágrimas de esperanza. Que antecedieron a las rancheras que escucharon durante la noche. 

Mientras tanto, Victoria Sandino estaba en Bogotá. De ese 24 de diciembre los recuerdos no son buenos, por primera vez en su vida, pasaba una navidad sola. “Estaba en un convento en el norte, me quedé sola. No pude ir a ver a mis papás. Durante el día escribí, hice unas llamadas y por la noche lloré hasta que me cansé”. La razón, el mes anterior se había firmado el acuerdo en el Teatro Colón y por eso días seguían trabajando en la Ley de Amnistía y el 26 de diciembre debían reunirse de nuevo. 

Victoria Sandino, congresista Farc
Victoria Sandino, congresista Farc, recuerda sus 25 años en la guerrilla.
Danilo Arenas - RCN Radio

Por eso, el 29 cuando terminaron sus sesiones, viajó en la noche para el Cauca. Llegó al ETCR de La Elvira, sabía que era la última vez que recibirían un año juntos. Allá compartió con Pablo Catatumbo y todas las personas con las que estuvo en la época más reciente. Lo recuerda con alegría y nostalgia, porque después de eso sabía que 2017 sería un año para dedicarse a su familia. 

La vida le puso una prueba. En julio su padre enfermó, le detectaron cáncer y cuatro meses después falleció. Esa navidad con su familia estuvo marcada por el duelo, pero aprovechó para viajar con su mamá, compartir con su hermana y sobrinos. 

Mientras tanto, Isabela regresó al seno de su hogar, su familia es católica y planeó un reencuentro, con velas, oraciones, agradecimientos a Dios y lanzaron unos globos al aire. Ella se describe como una mujer parca, pero reconoce que esa noche se asomó por la ventana a mirar al horizonte: “nunca pensé que fuera a sobrevivir a la guerra, nunca pensé estar en navidad con mi familia”. 

Este diciembre de 2018, evalúan sus nuevos estilos de vida, Victoria Sandino llegó al Congreso de la República, desde allí trabaja para defender los derechos de las mujeres. Mientras que Isabela regresó a las aulas, en la Universidad Distrital la aceptaron para retomar sus estudios, y ya tiene en mente hacer un posgrado en Ecología, el tema que la apasiona.  

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