Cientos de abuelos de diferentes rincones de Risaralda se dieron cita en el Festival Mundial de la Natilla, certamen con el que se quiere rescatar esta tradicional receta, trasmitida de generación en generación. Desde ayer, varios abuelos iniciaron el dispendioso pero valioso proceso, al cocinar el maíz para luego comenzar a sacarle impurezas y elementos que pueden alterar la textura de una natilla. Amalia Galeano, quien llegó desde la comuna Villasantana de Pereira, cuenta cómo desde muy pequeña, fue aprendiendo de mano de su señora madre, cómo llevar cabo este plato en el fin de año. Sostiene que la natilla de cajita, es un sinónimo a la pereza, pues señala que es una receta digna de compartir cada año, por lo que vale la pena como excusa para pasar un buen rato, especialmente en esta época decembrina. Marina Arias, una abuelita también de Villa Santana de Pereira, dice que este trabajo tiene un valor inmaterial, consistente en la labor que realizan cada uno de los miembros de las familias o grupos de amigos, en el que cada uno juegan un rol, que va desde moler hasta servir el plato de natilla. Para saber cuándo está lista para servir, Marina tiene su propia fórmula en la que sabe el punto exacto en el cual se debe detener la labor de quien revuelve, haciendo uso del famoso mecedor. Pero de esta jornada falta uno de los elementos más importantes, el buñuelo, para esto consultamos a Ismael Pérez, quien tiene la misión de hacer 4000 ejemplares, quien comentó algunos de los pormenores para que un buñuelo quede exquisito. El Festival mundial de la natilla se extenderá por espacio de dos días en el parque Olaya Herrera de la capital risaraldense, en el cual propios y visitantes podrán disfrutar de la cocina tradicional colombiana.