El papa Francisco instó a los fieles a la "hospitalidad", en la misa que celebró en "Ñu Guazu", una base militar en Asunción, y en la que se congregaron más de medio millón de personas, en el que es el último día del viaje por Latinoamérica. En la enorme explanada de esta zona militar, ante un espectacular retablo elaborado con miles de semillas y mazorcas, un tributo a la cultura guaraní, Francisco se dejó inspirar para su homilía por la palabra "hospitalidad", de la que habló la lectura de hoy. Hospitalidad, dijo, "es una de las características fundamentales de la comunidad creyente" y agregó que "el cristiano es quien aprendió a hospedar, a alojar", aseguró. Respecto a esto, lamentó que a veces la "misión, la evangelización" de la Iglesia "se base en proyectos y programas" y "se entienda en torno a miles de estrategias, tácticas, maniobras, artimañas, buscando que las personas se conviertan en base a nuestros argumentos". Para Francisco evangelizar, no es convencer con argumentos o estrategias sino "aprendiendo a alojar". El papa habló de una Iglesia que debe ser "una madre de corazón abierto y que sepa acoger, recibir, especialmente a quien tiene necesidad de mayor cuidado, que está en mayor dificultad". Así como, el pontífice dijo que la Iglesia debe mostrar "hospitalidad" con el hambriento, el perseguido o el desempleado, pero también "con el que no piensa como nosotros, con el que no tiene fe o la ha perdido" y a "las culturas diferentes" También se refirió a la soledad "como otro de los males que hacen mucho daño, y que va haciendo nido en nuestro corazón y comiendo nuestra vitalidad". "Dios nunca cierra los horizontes", señaló a los fieles, y agregó que "nunca es pasivo a la vida y al sufrimiento de sus hijos y siempre tiene atención para tantas situaciones de exclusión, disgregación, encierro, de aislamiento". Es cierto, consideró, "que no podemos obligar a nadie a recibirnos, a hospedarnos", pero también es cierto "que nadie puede obligarnos a no ser acogedores, hospederos de la vida de nuestro pueblo". "Qué lindo es imaginarnos nuestras parroquias, comunidades, capillas, lugares donde están los cristianos, como verdaderas centros de encuentro entre nosotros y con Dios", expresó. A pesar de que en estos días donde la lluvia ha convertido en un lodazal esta explanada, más de medio millón de personas pasaron toda la noche para poder asistir a la misa y música y oraciones amenizaron la espera durante toda la madrugada.   Contra las ideologías   El sábado, respondiendo a las preguntas de representantes de la sociedad civil, Francisco aclaró que sus anatemas y reclamos a favor de los pobres y olvidados durante su periplo sudamericano, que le valieron el título de "papa revolucionario", no corresponden a una ideología. "Las ideologías siempre acaban en dictaduras. Piensan por el pueblo, no lo dejan pensar. Las ideologías no asumen al pueblo", dijo en un discurso que empezó leyendo y terminó improvisando con duras aseveraciones. Este discurso marcará su pontificado como ocurrió el jueves en Bolivia, donde dirigiéndose a los movimientos populares pidió "un cambio" tanto económico como moral y ético para salvar a los pobres y a la tierra. La larga improvisación del papa, realizada ante el presidente paraguayo, Horacio Cartes, pareció también como un distanciamiento de los gobiernos de izquierda de Evo Morales en Bolivia y de Rafael Correa en Ecuador, países que también visitó esta semana. El sábado Francisco se emocionó en el santuario de Caacupé, a 50 km al este de Asunción, donde instó a no perder la memoria, las raíces, ni la razón de las propias luchas. El papa, quien cumplió 78 años en diciembre, totalizará en esta gira siete vuelos y 22 discursos, en uno de los viajes más "intensos" que haya realizado desde que fue elegido pontífice en marzo del 2013.