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Johana Bahamón
Colprensa

Mientras miles de negocios tuvieron que cerrar definitivamente por la pandemia, en el centro de Bogotá abrió sus puertas una casa de formación y productividad en la que, con un restaurante, una barbería y otros emprendimientos, se emplea a personas que estuvieron en la cárcel.

En las dos plantas de una casa antigua remodelada funcionan una agencia de publicidad, un call center, un taller de confección, un teatro y un estudio de tatuaje, donde el equipo de la fundación Acción Interna ofrece segundas oportunidades a ex reclusos.

"Todas las adversidades se pueden convertir en oportunidades y creo que eso fue lo que pasó con esta pandemia. Todos los restaurantes cierran y nosotros abrimos uno, toda la gente está encerrada en sus casas y esta es una oportunidad para tener empatía con la población carcelaria", dice a Efe la actriz y directora de la fundación, Johana Bahamón.

Los beneficiarios, en su mayoría jóvenes, encontraron en este proyecto una opción para ser productivos, capacitarse, generar ingresos y apoyar a sus familias económicamente.

Con su talento hoy son los responsables de los servicios que ofrece el lugar y se convirtieron en maestros de otras personas en su misma condición.

Contra la estigmatización

Hace ocho años Acción Interna inició un acompañamiento a la población carcelaria para reconciliar a los reclusos con la sociedad y abrirles nuevas oportunidades mediante proyectos productivos sostenibles.

"Hemos tratado de lograr espacios y encuentros de reconciliación, de perdón, de desestigmatización, porque estén condenados o no, estén privados de la libertad o no, somos una sola sociedad", señala Bahamón, ganadora del premio Mujer Cafam 2020.

Cuando los internos recuperan la libertad las empresas les exigen su expediente judicial para poder contratarlos. Por ese requisito, que limita notablemente la participación laboral de estas personas, Acción Interna creó una línea de sensibilización para empresarios que facilita el acceso al empleo.

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"Nosotros trabajamos en las segundas oportunidades, creemos en ellas, y estas son para una población que en su gran mayoría no ha tenido la primera oportunidad nunca en su vida. Ha sido maravilloso ver que así como hace ocho años viví el rechazo hacia la población carcelaria, ahora la sociedad sí tiene la intención y quiere apoyar esto", destaca Bahamón.

Cambio de vida 

Abay Alejandro Hernández, un joven de 25 años, conoció Acción Interna hace tres años cuando la fundación llegó a las cárceles Modelo y La Picota de Bogotá, donde estuvo recluido.

Después de cuatro años tras las rejas Hernández recuperó su libertad el pasado 24 de abril y ese día comenzó un nuevo camino acompañado por Acción Interna, que le ha ayudado a hacer posible su propósito de vida.

"Yo aprendí belleza con ellos, aprendí expresión corporal y oral, hice cursos de manicure, pedicure y barbería. En estos momentos trabajo en la barbería y damos clase a los demás para que aprendan y puedan trabajar con nosotros", dice a Efe el joven cuyo sueño es convertirse en abogado.

Hernández asegura que esta oportunidad, "que no se la da todo el mundo", cambió por completo su vida.

Salir del limbo 

A diferencia de Hernández, a Daniel Rodríguez Guzmán, de 21 años y responsable del área de tatuajes, le costó más tiempo y coraje permitir que el equipo de Acción Interna se acercara a él en la cárcel en la que estuvo 28 meses.

"Al comienzo uno está muy resentido y ofendido por el desprecio y otras cosas que se viven allá adentro. Yo había escuchado del trabajo de la fundación pero no quería acceder a esto ya que pensaba que no traía ningún beneficio hacia mí. Pasó el tiempo (...) y quise probar para ver qué sucedía. Al entrar, el primer día con ellos fue una química muy linda", recuerda.

En la cárcel, Rodríguez recibió talleres de formación que no dudó en poner en práctica una vez quedó en libertad, hace tres meses.

Salir de la cárcel fue como estar en "en un limbo", tener que enfrentarse a la estigmatización de quienes lo rechazaron por sus antecedentes judiciales y sin saber qué hacer con su vida, hasta que Acción Interna lo contactó y le ofreció trabajar en la casa.

"Cuando me enteré que ya iba a salir (de la cárcel) tuve muchísimo miedo porque afuera la tentación está, las necesidades están, y no sabía qué hacer. Pero entonces esta fundación me empieza a enseñar cosas, a tener paciencia, se me empiezan a abrir puertas para estudiar y hoy tengo un proyecto de vida más organizado", reflexiona.

En libertad aprendió a arriesgarse "por cosas buenas" porque, como dice, "si lo hacía por cosas malas, por qué no hacerlo por algo bueno" que sabe que le pueden "traer mejores cosas".

Sabor a reconciliación 

En el primer piso de la casa, Gilberto Forero, de 40 años, coordina la cocina del restaurante que funcionaba desde 2016 en Cartagena de Indias pero tuvo que cerrar este año porque la cárcel de esa ciudad fue trasladada a otro lugar.

Forero, que aspira convertirse en cocinero profesional, salió de prisión hace tres años sin saber mucho sobre gastronomía ni de atención al público al que debe deleitar con sus platos todos los fines de semana.

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"Yo primero tenía una cocina básica, me sentían la sazón y la gente me decía: 'usted cocina rico'. Ahora he aprendido a 'emplatar', diferentes cortes, sabores, cocción, texturas, colores y decoraciones", reconoce.

Forero agradece el asesoramiento sicológico que le ofreció Acción Interna porque le ayudó a superar los traumas que le dejaron cinco años y diez meses de reclusión, así como a perdonarse a sí mismo y a entender a aquellos a los que les cuesta dar segundas oportunidades a quienes estuvieron en la cárcel.

Fuente

EFE

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