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Municipio de Mocoa.




Para Gustavo Wilches Chaux, especialista en Derecho Ambiental y Gestión del Riesgo, lo ocurrido en Mocoa este fin de semana, más allá de la tragedia ambiental, es un problema evidente con los Planes de Ordenamiento Territorial (POT), al cual se le debe prestar mucha atención.


“Debemos entender el Ordenamiento Territorial como la necesidad de concertar con la naturaleza y sus dinámicas cuáles son los lugares en donde los seres humanos podemos llevar a cabo determinadas actividades y en qué lugares no podemos hacerlo. Una de esas actividades es habitar, otra es producir, hacer agricultura, ganadería”, aseguró.


En diálogo con RCN Radio, Wilches Chaux señaló que en 2015, la Procuraduría presentó un estudio preventivo, en el que queda demostrado que la mala planeación de los POT son la principal amenaza para la población.


“El informe advertía que el 63% de los municipios colombianos, en ese momento 589 municipios, no habían actualizado sus POT; que el 82% son conscientes de que tienen población asentada en zonas de riesgo, y que 56% de los municipios colombianos, tienen menos de la cuarta parte de su territorio dedicado a usos protectores y por eso cualquier dinámica natural va a generar un gran desastre”, dijo.


El experto en Gestión Ambiental señaló que más allá de pensar en la reconstrucción de una población golpeada por una tragedia ambiental, se debe entender cuáles fueron las causas de lo sucedido para evitar que esas condiciones pongan en peligro más adelante a la población.


“Es importante pensar en reconstruir pero hay que entender cuáles fueron las causas, qué obligó a los ríos a rebotarse, a protestar, a hacer esta manifestación que hicieron, por qué el territorio no aguantó, porque si corremos a reconstruir como si fuera solamente a hacer casas y volver a hacer locales, y volver a establecer la infraestructura que se perdió, se corre el peligro muy grave de reconstruir también las causas del riesgo”, señaló el experto.


Para WIlches Chaux, “aunque la prioridad debe ser la atención inmediata de las víctimas y la normalización de sus condiciones de vida, simultáneamente se debe ir entendiendo cuáles fueron las causas que llevaron al agua a protestar, que llevaron a al río y a las quebradas que se desbordaron a protestar y establecer un proceso de concertación para saber a dónde podemos volver los humanos, qué sitios podemos volver a ocupar y qué sitios hay que devolverle a la naturaleza”.


Agregó que existen casos en los que después de una tragedia al realizarse estos estudios y tomar las medidas de precaución necesarias, se han evitado con éxito, nuevos episodios que lamentar. “Hay muchos casos en los que una buena gestión ambiental ha permitido evitar que ocurran desastres cuando existen condiciones que normalmente generarían un desastre, y sin embargo no lo producen porque hay una buena gestión ambiental, una buena gestión de riesgo y eso no se nota”.


El experto resaltó que la tragedia en Mocoa demuestra también que aunque la autoridad ambiental es consciente de la mayoría de las veces de las situaciones, su capacidad para incidir realmente en las decisiones sobre el territorio está siendo más limitada.


“Estamos convirtiendo los estudios de impacto ambiental solamente en un requisito formal y no realmente en una análisis de si un proyecto no solamente es legal con el Estado sino si un proyecto de tipo económico, una obra de infraestructura es legal también con los ecosistemas y con las comunidades”, enfatizó.


Riesgo en Bogotá por obras de infraestructura


Al preguntársele por las zonas del territorio nacional que podrían estar en peligro por el aumento de los proyectos de infraestructura, el experto en Gestión de Riesgo señaló que en Bogotá existe una grave amenaza.


“En los Cerros Orientales existen 1120 drenajes, existen cinco subcuencas que van a desembocar al río Bogotá y el río Bogotá tiene una serie de dinámicas que hay que respetarlas, se están haciendo obras importantes por parte de la CAR pero hay que tener en cuenta que algo fundamental es que el río pueda tener su derecho a fluir y correr libremente”, dijo.


El experto agregó que aunque se han tomado una serie de decisiones de crecimiento desbordado de Bogotá sobre la Sabana, pasando por encima de dobladillos como la Reserva de Van der Hammen no se puede hablar de que va a suceder una situación súbita como la de Mocoa.


“Bogotá es una ciudad incapaz de resistir un aguacero muy fuerte. Hay razones puntuales como por supuesto, hay que llamar la atención, la gente tira colchones a las alcantarillas, muebles viejos a ríos, que erróneamente llamamos caños, es importante no hacerlo, pero lo fundamental es entender que Bogotá es un territorio que pertenece al agua y le hemos impuesto durante 400 años o más una cultura para otra realidad ecosistémica”, señaló.


Otra de las regiones que según el experto podrían estar en peligro están relacionadas con el informe preventivo de la Procuraduría, en el que 63 municipios no habían actualizado su POT.


“En Colombia hemos avanzado mucho en rescatar a los náufragos, pero cada vez generamos más condiciones para que haya naufragios. A la naturaleza no le interesa si se cumplió con el requisito formal del POT, sino le interesa que sus derechos fundamentales sean respetados, entonces sale a reclamar a la fuerza esos derechos”, concluyó.