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Ser jardinero, tipógrafo, encuadernador o luthier, entre otras labores, se está convirtiendo en la opción de jóvenes que en lugar de estudiar en una universidad una carrera como Derecho o Medicina, prefieren dedicarse a un oficio y aprender de la experiencia de quienes lo ejercen, en muchas ocasiones, aproximadamente 30 años. Cuando Héctor Céspedes copiaba las letras de un escrito, organizaba los tipos, formaba palabras, frases y párrafos para plasmarlos en planchas en una tipografía, no sabía el significado de lo que producía la imprenta. “Yo no pude estudiar por la situación económica que me pasó a mí, ahí fue donde yo aprendí a leer, levantando letrica por letrica haciendo libros, ahí aprendí e inclusive hice un libro, en español, en hebreo y en inglés, a medio pliego en tipografía”, asegura este hombre de aproximadamente 60 años y con una práctica como tipógrafo desde la década de los 80. [imagewp:433206] Foto: RCN Radio Un hecho que le ha facilitado que hoy pueda imprimir un libro en tres meses. “Letra por letra toca levantar al revés, para que salga al derecho, justificar bien las cajas tipográficas, eso es por picas, hay también linotipo”, agrega. En la costa pacífica del Cauca, son plantados cuidadosamente los árboles de chonta, materia prima para las marimbas, convertidas en patrimonio cultural. Juan Carlos Arrechea dice que del secado de la madera depende la calidad del instrumento pues “la chonta necesita como su tiempo para secar y estar en el punto para que pueda generar un buen sonido la marimba, por eso lo que hace mucha gente es costar la chonta enterrarla, dejarla secar y después si utilizarla para hacer las marimbas”, afirma. [imagewp:433205] Foto: RCN Radio Además de ejercer sus oficios, tipógrafos, luthiers o fabricantes de instrumentos y tejedores de fique, entre otros, serán ahora maestros de aquellos que como Luis Eduardo Millán, asegura, dejó la universidad para convertirse en restaurador y carpintero pues él eligió “no ser algo del común como un abogado, porque son carreras que usualmente requieren mucho dinero y mucho tiempo a comparación de un oficio que requiere muchos más práctica y menos tiempo”. Es, como lo señala Carlos Albán coordinador nacional del programa Escuelas Taller, una forma de mantener los saberes de quienes ejercen un oficio. “La idea es buscar un contacto entre el maestro, que es esta persona, que sabe de un oficio, para que les pueda enseñar a los jóvenes, para que se sientan orgullosos de lo que pueden aprender y de lo que además la tradición les ha enseñado”. Mauricio Salazar resalta haber encontrado finalmente y después de muchas ofertas para estudiar diferentes carreras universitarias, lo que, además de darle la posibilidad de ganar recursos, le hace feliz. “Yo pienso que es importante que ese tipo de oficios trasciendan las generaciones, a quien no le interesa tener un jardín bonito, por ejemplo en mi caso que estoy estudiando jardinería y son cosas que te enamoran porque te entregas completamente a algo como eso, como sembrar plantas”. Que los oficios no desaparezcan y por el contrario se fortalezcan con la enseñanza y el aprendizaje es el propósito de la labor emprendida por maestros y alumnos pues “lo más importante es entender que el oficio reivindica la tierra y el origen, los jóvenes que aprenden un oficio, están entiendo que su tierra tiene historia”, puntualiza Carlos Albán. En las escuelas taller, los saberes se transmiten a través de la práctica y los alumnos se convierten en expertos en oficios que además representan la identidad cultural. Por Javier Jules