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Alan Jara recuerda sus días de cautiverio cuando por radio se enteraba del Clásico RCN

Alan Jara / Foto AFP




Por: Carlos Brand

El gobernador del Meta, Alan Jara, recordó los meses más difíciles de su secuestro, cuando se acabaron las pilas del radio que lo conectaba con el mundo y habló sobre el duro proceso de reconciliación que debe seguir el país para que casos como el suyo no se repitan.

Sobre un simple radio, ese artículo que en el cautiverio deja de ser accesorio para convertirse en un elemento vital, versaron las palabras del Gobernador, en medio de centenares de ciclistas, periodistas y ciudadanos durante el Clásico RCN Claro 2015.

Jara conmovió a la multitud hablando de la íntima relación con el ciclismo, que le permitía evocar una realidad diferente a la de su secuestro.

"Mi mejor compañero siempre fue el radiecito y en el radio, a uno le gustaba oír deporte, para que sirviera de bálsamo. ¿Qué iba a pensar yo hace unos años cuando los oía allá encadenado que íbamos a estar hoy acá disfrutando de este espectáculo, es una bendición de Dios", dijo frente a la concurrencia.

Ese hombre pequeño, de apariencia frágil, sobrevivió a la muerte en vida, a la imposibilidad de movimiento, sufrió el secuestro desde el 15 de julio de 2001 al 3 de febrero de 2009.

Reiteró la palabra "radiecito", como si se tratara de un familiar, "panelita", le llamó varias veces y sonreía con sus dientes grandes y blancos.

Había que esperar a que terminara el evento protocolario para saber las razones que lo habían llevado a hablar de esa manera ante el auditorio.

"Cuando me subí a la tarima y me sentí como privilegiado, de haber podido estar acá; a veces me preguntan si todavía pienso que estoy allá y les respondo: A mí a veces me asombra estar acá", señaló.

Las pilas: qué sencillo encontrar unas pilas, ponerlas en un radio y seguir conectado, pues no era tan sencillo.

"Hubo un momento en el que estuvimos un año sin radio, un año en el que no sabíamos qué había pasado en el mundo y con nuestras familias, imagínese un año absolutamente incomunicado, fue seguramente el momento más difícil en el entorno que tuvimos que vivir, porque con los programas especializados, el que tenía Antonio José Caballero a través de RCN en Noches de Libertad, pues nuestras familias se comunicaban, igual con Voces del Secuestro y no tener esa conexión con mi familia era terrible, era lo peor que nos podía pasar", dijo.

Las pilas se gastaban con rapidez. El hoy Gobernador del Meta confesó que la elección más importante que ha ganado en su vida, no fue la que lo llevó a dirigir los destinos de su departamento, sino la que definía el tiempo para escuchar la radio.

"Era un radio para entre diez personas, yo, en unas elecciones, las más importantes que me he ganado en la vida, me gané el ser el operador del radio, me correspondía a mí tasar qué parte de la etapa podíamos oír, la largada o el remate", dijo.

En el Meta hasta el Gobernador es víctima: Alan Jara

Ahora, en la comodidad de su nueva oportunidad de vida, se imagina un país distinto que empezará a transitar por un camino tortuoso de reconciliación.

"Pues imagínese que el Meta ha sido un territorio donde ha estado el conflicto siempre, la posibilidad de la paz para nosotros tiene una connotación especial, porque cuando usted le pregunta de pronto a alguien en Bogotá qué es la paz le responde que no pase lo del Nogal o que no haya un secuestro", dijo.

"Pero cuando le pregunta a alguien del Meta la respuesta es diferente, aquí en Villavicencio tenemos 120 mil víctimas, bueno hasta el Gobernador es víctima, con eso le digo todo y sin duda hay una gran oportunidad, no está todo resuelto, pero se ha avanzado más que nunca", agregó.

Jara, quien ha vivido la violencia, dice entender como nadie el escepticismo de la sociedad colombiana.

"Y lo que pasa es que después de tantos años de conflicto, casi que tiene el derecho a ser pesimista, casi que tiene la obligación de ser escéptico y eso le pasa a los colombianos; a mí me pasa lo contrario, yo me siento con la obligación de ser optimista", expresó.

La panela, la misma que se adhiere a las orejas de los vigilantes, el vínculo de incontables campesinos con su país y sus dramas, fue la conexión con la realidad para un secuestrado, que hoy espera escuchar que nadie más será plagiado en Colombia.