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Foto: Colprensa

 

Lina Patricia Izquierdo, tiene dos hijas de 15 y 18 años. Con pautas sencillas que aprendió hace varios meses, ha logrado reducir las prácticas violentas dentro de su hogar, para criar a sus hijas en edad adolescente.

“Nosotros como padres nos equivocamos muchísimo, pensamos que corregir es gritar, pegar y de esa manera no legamos a nada. Aquí me han enseñado que el diálogo y el amor son los pilares para una mejor educación. En este programa nos dieron unos pilares muy buenos para nosotros educarnos como padres y poder compartirle a otras personas donde uno ve falencias de amor”, afirmó la madre de familia.

‘Una Huella para Siempre’ es una iniciativa promovida por la ‘Alianza por la Buena Crianza’, conformada por distintas entidades públicas y privadas, que tiene como objetivo que los vallecaucanos erradiquen de sus hogares cualquier expresión que lleve al maltrato infantil.

Fueron 1.200 familias pertenecientes a siete municipios del Valle del Cauca las que hicieron parte del taller que lleva solo un año de actividades y que en este corto tiempo ya evidencia cambios significativos dentro de los núcleos familiares.

Marcela Quintero, coordinadora del proyecto ‘Habilidades de Crianza’ de la Fundación Carvajal, afirmó que con gran satisfacción, se evidenció un cambio en el comportamiento que asumen los padres, al momento de atravesar situaciones cotidianas, cambiando los gritos y la agresión física por el amor y el diálogo.

“Hay una creencia en los padres que el castigo físico es necesario para disciplinar a los niños, a través de los procesos de formación las personas comprenden e interiorizan que hay otras formas de disciplinar a los pequeños, pero un poco más afectivas y también se utilizan las normas y las consecuencias. Sí encontramos una disminución a través del proceso de formación de esa creencia, a raíz del cambio en el paradigma en la forma de crianza, también encontramos que se disminuye el uso de los gritos para disciplinar a los niños y el uso de los golpes con objetos como correas, látigos, entre otros, que son común en nuestra cultura”, enfatizó la especialista.

Julio Urumendi, otro de los participantes de ‘Una Huella para Siempre’, nos contó algunos de los ‘trucos’ que aprendió para evitar la violencia y contribuir al buen desarrollo de sus hijos de 10, 14 y 15 años.

“Una de las enseñanzas que recibimos era el hacer tiempo, o sea que cuando los niños se enojan, uno como padre debe respirar profundo, pensar para poder actuar frente a la problemática, no tomar una decisión autoritaria sino explicarle al niño y negociar con él y luego tomar las decisiones compartidas, ese es otro de los trucos para minimizar la violencia dentro del hogar; saber que somos una familia y que no porque sea padre, tengo el derecho de tomar las decisiones solo”, expresó Urumendi.

Con el lema, ‘Todo lo que haces a un niño, deja una huella para siempre’, se busca lograr un cambio en la manera de educar a los hijos y replicar en ellos la buena crianza, el respeto y la sana convivencia.