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Palmira, en el Valle del Cauca  dejó de ser una de las 10 ciudades más peligrosas del mundo según Consejo de seguridad Pública de México que evalúa el índice de asesinatos en proporción al número de habitantes.

Del 2006 a la fecha, cuando se conoció el último escalafón, las autoridades iniciaron un análisis para establecer cuál era el detonante de la violencia en esa localidad que para entonces registraba un porcentaje de 70.8 homicidios por cada cien mil habitantes. Hoy, en el puesto 31, la reducción de la tasa es de 45.

Para entender el fenómeno fue necesario establecer cuál era el mayor detonante de la violencia en la Villa de las Palmas, en donde se estableció que el microtráfico sectorizado en las comunas 1,4 y 7 representaba el 85% de los homicidios.

“A Palmira nos está ingresando una tonelada de marihuana mensual. De esa tonelada los delincuentes sacan 2 millones cigarrillos o llamados ‘porros’ que pesan 0,5 gramos por un costo de $1.000. Multiplicados, representa $2.000 millones. A eso réstele todo lo que implica la logística, la seguridad y el pago a terceros. Hablamos entonces que a cada cabecilla le queda $120 millones”, indicó Carlos Zapata, secretario de gobierno municipal.

A partir de entonces la estrategia inició con operativos conjuntos entre el Ejército y la Policía, día y noche, apoyados por la Fiscalía y el sistema judicial para acelerar la captura y posterior judicialización.

Según las autoridades en el Valle, Palmira logró salir del top diez  de las ciudades más peligrosas del mundo debido a la reducción de los homicidios en 2016 a raíz de los operativos ejecutados especialmente en las comunas 1 y 4, para lograr una reducción del 30%.

Entre las estrategias implementadas está la creación de un grupo Elite que adelanta continuos patrullajes e intervenciones de seguridad.

Los habitantes del municipio coinciden en afirmar que estas estrategias son más visibles y que la percepción de seguridad es mayor. Sectores como el centro administrativo y de comercio, son ahora transitables.