Panela de Nariño al mercado norteamericano

Con apoyo del SENA un desplazado por la violencia en Nariño, en el municipio de la Florida, encontró en la producción de Panela un camino alternativo para vivir en paz junto a su familia. [imagewp:17582] Panela de Nariño al mercado norteamericano Las altas cumbres del municipio de La Florida en Nariño se combinan con la dulce caña sembrada con el deseo de resurgir de Jeison Parra, un campesino desplazado por la violencia que recobró su vida de la mano de la Unidad de Emprendimiento del SENA, que lo guió en la creación de Las Delicias de J, empresa panelera que brinda empleo a cientos de familias ubicadas en las faldas del Volcán Galeras y que exporta mensualmente 46 toneladas de panela a los Estados Unidos. La idea de Jeison surge de la formación que realizó en el programa de Jóvenes Rurales Emprendedores. En su plan de negocios formuló la creación de un trapiche panelero, iniciativa presentada al Fondo Emprender que le aprobó 102 millones de pesos. Adicional a este presupuesto, el emprendedor gestionó con el Banco Agrario un préstamo por 180 millones  de pesos. “La idea nace de la necesidad que tienen las empresas paneleras de industrializarse y cumplir con los requisitos del Invima. Por lo general los trapiches en el campo colombiano son construidos de manera artesanal, no generan muchos ingresos y en ocasiones solo producen pérdidas. De aquí surge la idea gracias a la formación en Producción y Comercialización de Caña Panelera del programa Jóvenes Rurales Emprendedores”, expresó Jeison Parra. Desde el año 2013, la Unidad de Emprendimiento del Centro Internacional de Producción Limpia Lope de la Regional Nariño, ha venido acompañando este proceso. A través del Centro, la iniciativa ha recibido asesoría y apoyo técnico de arquitectos e ingenieros del Invima. Así como también de ingenieros de alimentos, electricistas y todo un equipo de instructores y expertos en la construcción de trapiches. Las Delicias de J generan 10 empleos directos y más de 400 empleos indirectos de familias campesinas que se dedican al cultivo, cosecha y transporte de caña. Los recursos del Fondo Emprender se destinaron para la compra de un molino de caña industrial que tuvo un costo de 65 millones de pesos. También para la adquisición de una serie de calderas por valor de 30 millones más, y finalmente para la contratación de un contador público. Ahora Jeison y su familia tienen un nuevo futuro con la agricultura y la caña de azúcar. Con nostalgia recuerda que “hace un tiempo atrás, tuve que salir desplazado por la violencia. Recibimos toda la atención que presta el gobierno y de la mano del SENA hemos hecho borrón y cuenta nueva. Ya lo que pasó quedó atrás”.