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Aumenta dramáticamente la cifra de reclusas en todo el país

Cárcel el Buen Pastor
Cárcel el Buen Pastor
Colprensa

Una investigación del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR),  la  Universidad Javeriana, y el Centro de Investigación y Docencia Económicas de México (CIDE), cuestiona si la prisión debe ser la principal respuesta frente a las mujeres que no representan un riesgo alto para la seguridad ciudadana, que son infractoras por primera vez y que son responsables del cuidado de sus familias.

El informe que se denomina Mujeres y prisión en Colombia: necesidades y efectos diferenciados por razón del género, realizado a partir de más de 1.100 encuestas a hombres y mujeres privados de libertad en siete centros penitenciarios del país, indica que el número de detenidas  en centros penitenciarios del  INPEC  pasó de 1.500 en 1991 a 7.944 en junio de 2018.

“Este acelerado incremento del 429%, contrasta con el aumento del 300% en el número de hombres en el mismo período”, precisa la investigación.

“Personas cabeza de hogar, de bajos recursos, sin estudios superiores, y víctimas de algún tipo de violencia: es el perfil de las mujeres privadas de libertad en las cárceles colombianas. La mayor parte no han cometido delitos violentos y son infractoras por primera vez ”, reseña el informe.

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Añade que  el 53.4% de  las reclusas dice  “haber cometido el delito por razones relacionadas con su vulnerabilidad económica. El 45,2% fue detenida por delitos relacionados con la fabricación, tráfico o porte de pequeñas cantidades de estupefacientes, siendo usualmente, los eslabones débiles y fácilmente sustituibles de la cadena delictiva ”.

La investigación deja en claro que  la detención en centros de reclusión de las mujeres delincuentes  “no afecta significativamente a las organizaciones y redes criminales, y en cambio sí tiene impacto en su núcleo familiar: al momento de su encarcelamiento el 85% eran madres, y el 54% de ellas vivían con sus hijos menores de 18 años, de los cuales eran las principales cuidadoras y fuente de ingresos económicos para su manutención”.

La investigación concluye que con el ingreso a prisión de la mujer, “se rompe el núcleo familiar. Esto deja a los hijos expuestos al trauma de la separación, el estigma, y las presiones sociales y económicas que, a su vez, pueden llevarlos a vincularse con grupos delincuenciales, reproduciendo un ciclo de violencia permanente

Fuente

Sistema Integrado de Información

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