Cargando contenido

Este corregimiento del Valle del Cauca se convirtió en un corredor de negocios ilegales. Su población clama la presencia del Estado.

Calles de Puerto Merizalde, Valle del Cauca
Karen Bohórquez

La puerta del río Naya es Puerto Merizalde, un corregimiento que pertenece a Buenaventura, Valle del Cauca, ubicado entre la selva tropical a cuatro horas en lancha del principal puerto del pacífico. Sus humildes viviendas de madera son habitadas por familias que sobreviven de la pesca que les ofrece las aguas del río Naya.

RCN Radio llegó a este corregimiento en desarrollo de Andén Pacifico, un recorrido humanitario liderado por el defensor del Pueblo, Carlos Alfonso Negret, que tiene como fin visibilizar la situación de las comunidades apartadas en los departamentos del Valle del Cauca, Cauca y Nariño.

Este lugar, donde predominan los 30 grados centígrados de temperatura, parece un pueblo fantasma, quizás porque muchos se fueron de pesca y otros en este día festivo se van a visitar a sus familiares en poblaciones cercanas.

“También porque otros decidieron irse a buscar nuevas oportunidades a otras regiones”, como lo explica María, quien desde hace 24 años vive en el pueblo atendiendo su pequeña tienda de víveres.

Cuenta además que en el corregimiento la luz llega a las 4 de la tarde y la quitan a las 11 de la noche, y que el acceso es únicamente por río. Además, no hay agua potable.

Vendo botellitas, dulces y cosas de comer, pero ya no se vende cómo se vendía antes. Yo he visto a mucha gente que se está yendo de aquí porque hay muchos problemas en el río”, comentó María.

María tiene 10 hijos, cuatro hombres y seis mujeres, todos partieron hacia Cali y Buenaventura para trabajar, ahora vive con su esposo quien hasta hace poco fue el vigilante del hospital y ahora le ayuda en la tienda.

Acá estamos urgidos por agua, hemos sufrido mucho por la energía, pero sobretodo el problema es el agua porque solo podemos coger agua lluvia y cuando hay sequía toca con el agua del río que es oscura”, cuenta.

Puerto Merizalde tiene calles de piedra y arena que conducen a una cancha de baloncesto y a la enorme Parroquia ‘San Miguel Arcángel’, que está encaramada en un morro. Allí además hay una escuelita, un hospital abandonado y algunas tiendas de víveres.

 

Grupos ilegales

 

Hasta hace poco en el corregimiento se concentraban varios mercados ilícitos cuyos principales compradores eran los carteles mexicanos y ciudadanos norteamericanos y panameños. Ahora estos negocios se concentran en el municipio de Argelia, Cauca, al ser un punto estratégico para la salida hacia el Océano Pacífico.

Su ubicación es estratégica porque conecta con los municipios de Jamundí, Buenos Aires, Argelia y Corinto (Cauca), esto lo convirtió en un corredor por el que entran y salen armas, estupefacientes, madera ilegal y oro producto de la minería ilegal.

De acuerdo con las autoridades, es difícil controlar la zona de los negocios ilegales ya que el Naya tiene siete embudos o “bocanas” por donde se mueven las transacciones ilícitas. Tal vez esas mismas transacciones han generado los problemas a los que se refiere María. 

En este pequeño corregimiento de cerca de 3 mil habitantes delinque un grupo de disidentes de las Farc dedicados al narcotráfico. Su estructura se conoce como el Jaime Martínez, creado tras la muerte de alias Jaimito, tercer comandante del frente sexto que operaba en el norte del Cauca y muerto en combates con la fuerza pública en 2016.

Son poblaciones alejadas y olvidadas por el Estado. También reclaman oportunidades de empleo y educación. 

Los niños en Puerto Merizalde tienen la institución educativa técnica agropecuaria Patricio Olave Ángulo, hay déficit de planta docente y se requiere inversión urgente en infraestructuras.

“Estos municipios siempre han tenido carencias y mientras el Gobierno Nacional no invierta en estas zonas vamos a seguir viendo estas violencias por la hoja de coca y la minería ilegal, de eso están viviendo las gentes en estas zonas”, señaló el defensor del Pueblo, Carlos Alfonso Negret.

Al final del recorrido estaba Lucero, una niña de 10 años nde piel negra y trenzas largas; ella camina con un balde apoyado en su cabeza en el que lleva su ropa recién lavada.

Lucero cuenta que asiste al colegio entre semana. Al ser cuestionada sobre qué quiere ser cuando grande, ¿doctora, deportista o profesora?, mira confundida, quizá nadie le había hecho esa pregunta; dice que no lo sabe y se aleja con una sonrisa.

Fuente

Sistema Integrado de Información

Encuentre más contenidos

Fin del contenido