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Los uniformados víctimas de estos hechos, reclaman mejores condiciones de salud y pensión por parte del Estado.

Soldado discapacitado
RCN Radio

Varios militares que han sido víctimas de las minas antipersonales en el país, se unieron para reclamarle al Gobierno Nacional, mejores garantías en materia de salud y pensión.

Uno de estos casos es el del soldado Ricardo Pérez Sosa, quien quedó con una discapacidad del 100%, tras haber pisado un campo minado en el departamento del Cauca.

Los matorrales de páramo fueron la última imagen que el uniformado divisó. Entre la basta neblina de las montañas de Toribío en el departamento del Cauca, el soldado ‘Perezosa’ (como es llamado por sus compañeros), perdió los ojos y el pie derecho tras la detonación de una mina antipersonal.

Corría el año 2004 y el uniformado se desempeñaba como militar del grupo de contraguerrilla. Confiaba en que aquel día sería una jornada más, al punto que dejó su arma de dotación en la casa de sus suegros. 

Ese 14 de febrero hace 15 años, Pérez registraba una zona que había sido dominada por el M-19. Eran las nueve de la mañana cuando realizaba su última caminata por los arbustos de la cordillera central colombiana y pisó el artefacto explosivo.

El soldado dice que solo recuerda sentir un estruendo que lo levantó, lo golpeó en la frente y lo devolvió al suelo. “Tenía el pie pesado, como si tuviera una piedra amarrada”, relató desconcertado, mientras agregó que “llegó un compañero y me cargó...hasta ahí me acuerdo”.

Después de desempeñarse diez años como soldado, esa mina le impidió volver a ejecutar operaciones en el Ejército, ya que quedó discapacitado totalmente y ante su situación, le fue asignada una pensión de invalidez de $1.400.000 mil pesos mensuales.

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Audio

(Audio) Soldado Ricardo Pérez, mutilado tras pisar una mina antipersonal.

0:27 5:25

Ricardo representa a muchos de los 16 mil soldados que han demandado al Estado colombiano, para exigir una nivelación en el régimen pensional y un mejor servicio de salud. 

“Ya no aguantamos más”, aseguró sentado en una banca que él mismo fabricó, con apoyo de su esposa Paola.

Tiene la frente reconstruida con una malla de titanio, un pie amputado y dos prótesis en lugar de ojos, pero asegura que le ha ido mejor que a muchos militares pensionados y en asignación de retiro que ganan $900.000 pesos mensuales.

A pesar de que tiene una esposa y tres niños, no cuenta con subsidio familiar ni prima de antigüedad, al no haber cumplido 15 años dentro de esa institución. Tampoco le otorgaron la prima de actividad ya que era soldado voluntario inicialmente.

Relató que se ve a trancas y a mochas literalmente, para poder sustentar los gastos. Sin embargo, se distrae fabricando muebles en madera para ‘rebuscar’ la pensión de sus hijos, con la ayuda y orientación de su esposa. 

“Cómo quisiera que ella pudiera trabajar, pero necesito siempre que me apoye”, enfatizó.  

Esta situación lo obligó a interponer una demanda para reclamar el 20% del salario que le fue disminuido, con el decreto 1703 del 2000, al pasar de soldado voluntario a profesional.

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Ricardo se respalda en la sentencia de unificación emitida por el Consejo de Estado el 25 de agosto del 2016, la cual establece que los soldados voluntarios que hicieron tránsito a soldados profesionales, deben recibir un incremento adicional de un 20% en su salario.

Actualmente, este héroe de Colombia no ha recibido ninguna respuesta y dice que sigue su lucha ante los organismos del Estado y las Fuerzas Militares, para que le reconozcan el reajuste de ley correspondiente.

Sin embargo, uno de los temas que más le preocupa tiene que ver con el cambio de sus prótesis oculares que tiene hace cinco años, tras asegurar que con ese reemplazo se podría aliviar de las molestias que siente a diario.

Por su parte, el abogado William Paez, quien representa a los miembros retirados de la Fuerza Pública en la mesa de negociación con el Gobierno, manifestó que “el Ministerio de Defensa viene cuatro años atrasado en el pago de las cuentas de cobro de ese 20%, aunque la ley dice que tiene 10 meses para pagar”.

Cabe mencionar que al igual que Ricardo Pérez, hay un gran número importante de militares que también exigen una mejora en el deteriorado sistema de salud del Ejército, tras denunciar que el servicio es cada vez más deficiente, que no les dan medicamentos y que las citas se demoran hasta 6 meses.

Estos valientes soldados aseguran que no temen volver a la guerra y agregaron que les genera más temor la lucha que han tenido que enfrentar no contra los grupos armados ilegales que combatieron, sino contra las entidades a las que un día les sirvieron y que según ellos, los abandonaron.

Por: Natalia Romero

Fuente

Sistema Integrado de Información

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