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Nibali, incluso, tuvo tiempo de darse la vuelta y saborear el instante "mágico"

Vicenzo Níbali
Foto tomada de AFP

Con un ataque quirúrgico propio de un escualo, el italiano Vincenzo Nibali (Bahrein), apodado el 'Tiburón, devoró a los velocistas para apuntarse la victoria en la edición 109 de la Milán-San Remo, la primera gran clásica de la temporada ciclista.

Siete kilómetros en solitario y una entrada en la Via Roma con unos metros de ventaja le sirvieron para cruzar el primero la línea de meta, tras un esfuerzo de 294 kilómetros y siete horas sobre la bicicleta. 

Nibali, incluso, tuvo tiempo de darse la vuelta y saborear el instante "mágico", según sus palabras, de añadir esta prestigiosa carrera a su ya de por sí denso palmarés.

"No tengo palabras", dijo el siciliano nada más cruzar la meta. "Corríamos para (su compañero) Sonny Colbrelli, pero en los últimos 15 kilómetros me sentí muy bien. Cuando supe que tenía 20 segundos de ventaja, le di gas a tope", bromeó el ciclista de 33 años.

"No soy rápido y tenía que inventar algo (...) Soñaba con el triunfo, pero no me lo esperaba", admitió.

El ganador del Tour de Francia-2014 cruzó la meta con unos metros de ventaja sobre el australiano Caleb Ewan, segundo, y el francés Arnaud Démare, tercero.

"Es un gran resultado, pero estando tan cerca de la victoria es un poco decepcionante", admitió el australiano.

Nibali era, junto al holandés Tom Dumoulin, el único especialista de grandes vueltas por etapas presente en la salida de Milán, y se aprovechó del marcaje entre los dos grandes favoritos, el campeón del mundo eslovaco Peter Sagan y el polaco Michal Kwiatkowski, ganador el año pasado, para sorprenderles y llevarse la victoria.

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