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Amor, paciencia y respeto fueron los valores inculcados por Hernán a sus hijos.

Hernán Ospina
Hernán Ospina
Foto: twitter.com/higuitarene

Sacrificio y lucha son las palabras que mejor definieron a Hernán Ospina, un padre generoso que abrió los caminos en la vida para sus hijos: Daniela y David, con un sentido de la generosidad inconcebible. Este hombre memorable, quien dejó un legado lleno de recuerdos, murió este viernes en la noche.

Esta familia paisa salió adelante a pesar de todos los obstáculos de la vida. La lucha fue larga y se inició cuando Hernán Ospina era un hombre esbelto, lleno de vitalidad y de sueños.

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En su vida como taxista por las calles de Medellín, soñó por lo alto para sus hijos y para sí mismo. Logró apoyar incondicionalmente a David, a quien aconsejó a lo largo de su camino como guardameta en todas sus etapas. Este mismo acompañamiento lo llevó de manera paralela con Daniela en su proceso como modelo, bailarina, empresaria y periodista.

“En la casa que teníamos antes uno llegaba, daba dos pasos y ya estaba a la habitación de mis papás”, afirmó David Ospina, hace unos meses, en entrevista Suso, en la que recordaba aquellos años donde la humildad y la escasez unían en la dificultad a la familia. Pero eso mismo sacaba lo mejor de ellos. Hernán Ospina, que desde la niñez de David intuyó su destino, emprendió todo tipo de luchas para brindarle un futuro mejor y con apenas 6 años lo inscribió a la escuela de Alexis García en Medellín, con el fin de que nunca tomara malos caminos.

En las pocas entrevistas que concedió Hernán Ospina se observa a un hombre paciente, amable y conciliador, por el conocimiento adquirido a través de todos sus años de experiencia. Su tono siempre parecía conciliador, y celebraba eufórico los constantes éxitos de sus hijos, que en muchas ocasiones eran tan grandes, que parecían una ilusión más propia de la fantasía que de la realidad, según indicó en una entrevista con Teleantioquia.

Las calles y avenidas de Medellín son testigos de la agonía de su lucha; desde allí, haciendo carreras, llevando clientes, conociendo realidades, recorriendo una y otra vez los mismos parques, monumentos, iglesias y las tiendas de los barrios, aprendió a hacer del sacrificio su forma de felicidad. Madrugando mucho, capoteando dardos de la vida cotidiana, llegando tarde a la casa en medio de las ultimas luces de la noche, aprendió a resistirlo todo a pesar de no tener garantías de ningún tipo.

Al final ganó su voluntad y quienes lo recuerdan afirman que fue valiente, carismático y siempre estuvo dispuesto para ayudar. El mayor regalo de su vida fue la dicha de ver a sus hijos conquistar sus sueños. 

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Ospina padre, quien vivió el mundo como si el asunto no se tratara de sí mismo, sino de los demás, vivirá eternamente en el recuerdo de los suyos, en las victorias de sus hijos, que sin él no hubieran podido llegar a donde están.

Fuente

Sistema Integrado Digital

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