¿Por qué si una libra de maíz cuesta no más de $1.000, el precio de un balde de crispetas en el cine llega a ser cinco veces superior?

En el país el combo en el cine más barato no baja de $7.000
En el país el combo en el cine más barato no baja de $7.000. 
Foto: Ingimage

Una libra de maíz o crispetas cuesta en Colombia no más de $1.000. Una chocolatina en promedio vale $2.000. Por eso para muchos suena insólito el precio que les cobran a la hora de pagar en la caja de comidas de la sala del cine por el valor de unos snacks.

De ahí entonces el gran interrogante ¿Por qué la comida en el cine es más cara que en todos lados si son tan de bajo costo sus insumos?

Esta pregunta se hace aún más profunda si se tiene en cuenta que la comida en los cines se encuentra bajo la influencia del monopolio pues son la única opción para comprarla en estos sitios de entretenimiento.

Al respeto, hay que tener en cuenta que cada visita al cine tiene dos variables: un cobro fijo, la entrada, y un cobro fluctuante que depende de lo que el espectador quiera consumir en la sala. En ese sentido, es claro que el precio de una entrada al cine depende de los costos de mantener y operar las salas (limpieza, aire acondicionado y maquinarias) y, sobre todo, los derechos que se pagan al estudio productor de cada película.

Y es que la repartición de los ingresos por taquilla no es tan equitativa si se tiene en cuenta las ganancias que son destinadas al estudio y a las salas de cine. En promedio, en las primeras cuatro o cinco semanas de proyección de una película, el estudio se lleva el 70% de la taquilla. Después de ese periodo, el cine es quien se lleva la mayor parte pero ya con inferior número de espectadores por el periodo que ya lleva de exhibición esa producción.

Así las cosas, los precios de la comida terminan subsidiando los precios de las entradas y lógicamente el funcionamiento de la sala de cine. Un estudio de la Universidad de Stanford publicado por El Comercio de Perú indica que este modelo permite mantener los precios de las entradas relativamente bajos. Lógico, los beneficios por taquilla que se reciben deben ser compartidos, mientras las ganancias de la comida son 100 % para el cine.

La Universidad de Stanford descubrió además que subir los precios de las entradas de cine para aumentar las ganancias de las salas sería directamente perjudicial en la era de nuevas alternativas como Netflix.

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