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Toro bravo de Victorino Martín
Toro bravo de la emblemática ganadería de Victorino Martín
AFP

El toro bravo o toro de lidia es un especimen totémico y sagrado, un animal de culto para muchas civilizaciones de la historia.

Más allá de las disputas tan de moda hoy en día entre taurinos y animalistas o antitaurinos, el toro bravo se yergue en la historia de la zoología como una de las especies de bóvidos más singulares, bellas y poderosas.

Procedente del tipo uro, un toro salvaje antepasado del actual bos primigenius taurus, es una res temperamental de gran tamaño que en el período paleolítico fue cazada en Europa y con la que el hombre jugaba o combatía, tal como lo atestigua una diversidad de vestigios pictóricos.

Según taurófilos expertos y algunas publicaciones como las de la Fundación Toro de Lidia, el toro desapareció de los bosques de Europa Central hacia el siglo XVII, no así en la península ibérica donde permaneció de forma ininterrumpida hasta el sol de hoy. Era el protagonista de corridas en Segovia en el siglo XIII, en fiestas populares de Portugal durante el reinado de Alfonso III y en la celebración de bodas y coronaciones de reyes y papas.

Actualmente, el toro bravo es un producto de laboratorio, una creación del hombre, la cultura y la ciencia. La crianza tiene como objetivo único su lidia en una plaza, y para ello se seleccionan y cruzan ejemplares, encastes y razas de acuerdo con la genética.

Hay ganaderías de bravo emblemáticas como Domecq, Miura, Victorino Martín, Victoriano del Rio, Garcigrande y Nuñez del Cuvillo en España. En Colombia se destacan las de Mondoñedo, Vista Hermosa, Las Ventas, Achury Viejo, Juan Bernardo Caicedo, Santa Bárbara y Ernesto Gutiérrez, entre otras.

El comportamiento del toro de lidia se asemeja al del hombre. Entre toda su variedad, hay toros bravos, bravucones, fieros, mansos, nobles, bondadosos, marrajos (mansos con peligro): igual que el ser humano. Algún taurino añejo decía que la mejor manera de conocer al hombre es a través del toro. 

El burel o cornúpeta, sinónimos con los que también se conoce el toro bravo, embiste al movimiento y a los sonidos, no al rojo de la muleta o al fucsia del capote como creen muchos.

Se caracteriza por unos instintos atávicos de defensa y ataque, sintetizados en el concepto de bravura (genotipo), y por unos cuernos o pitones grandes y astifinos y un potente aparato locomotor (fenotipo).

Concepto capital de las características del toro bravo es el de trapío, que no es más que el conjunto de rasgos externos, actitudes y reacciones observables, que dependen del encaste. En síntesis, cuando el ejemplar reúne la presencia y las cualidades físicas necesarias para la lidia. El comportamiento de un toro en el ruedo se puede anticipar con cierta precisión con sólo verlo, con sólo verle el trapío. A veces también pasa con el hombre.

Si la tauromaquia, la fiesta brava o las corridas se acabaran o se prohibieran, se extinguiría para siempre la raza del toro de lidia, que expresa su instinto, su razón de ser y su combatividad en una plaza, luego de haber vivido como el rey que es en una dehesa durante cuatro o cinco años.

Fuente

Sistema Integrado Digital

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