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Eddy Herrera
Foto cortesía de Eddy Herrera

Es uno de los ritmos caribeños más alegre y festivo, que se sigue escuchado y bailando en el mundo, a pesar que los ritmos urbanos parecen haberlo copado todo.

Decir merengue es inevitablemente  hablar del carácter, la cultura  y la naturaleza de República Dominicana.

Un ritmo que nació con la misma conformación política y administrativa de la isla caribeña y que fue primero de pueblo, de zonas rurales y de a poco fue entrando a la refinada alta sociedad de mediados del siglo pasado, gracias al estímulo que entonces le dio el dictador José Leonidas Trujillo.

“El estado dominicano surge tras el grito de independencia el 27 de febrero de 1844 y 10 años después surge la palabra merengue, que empieza a conocerse en todos los ámbitos”, contó el investigador dominicano, Rolando Hernández, autor del libro “Merengue, historias y secretos”.

Un país de la alegría y el sabor construido por los tradicionales conjuntos que interpretan el merengue ripiao y el típico con el formato de saxofón, acordeón, tambor y güira.

Primero una danza con ritmos ancestrales y africanos, luego empieza a ser difundido a través de las bandas militares y posteriormente se hace popular a finales del siglo 19.

Hernández contó al programa Al Fin de semana de Rcn Radio que “el merengue empieza como una danza, con influencias europeas y africanas y el género en principio no era cantado como existe actualmente”.

Asegura que en ese proceso de ir construyendo el sonido del merengue, ocupan un lugar muy importante dos danzas que son la calenda, de carácter religioso y la chica, eminentemente popular”.

Cuenta que “desde 1844 hasta 1870 ya se conoce el merengue y se practica formalmente con la estructura de las bandas de los ejércitos que habían sido conformadas para desarrollar la idea de un estado”.

El general Pedro Santana fue el primer presidente constitucional de República Dominicana y su nombre figura en letras de molde en los inicios de la historia de esta música, aunque muchos opinen que fue el dictador Trujillo quien le dio un impulso definitivo, hasta el punto de ser considerado como ”el padre del merengue”.

“El jefe” o “El Chivo”, como se le conoció, usó durante los 31 años que estuvo en el poder el merengue como una herramienta política y eso le permitió llevar ese ritmo a los salones de baile de Santo Domingo y abrirle un espacio en la sociedad dominicana.

Desde que inició su campaña para llegar por primera vez a la presidencia en el año de 1930, Trujillo usó el merengue primero como la base de su campaña política con canciones que hablaba de su aspiración como “un notición” y luego le dio una fuerza vital.

El dictador estableció una política de estado sobre el merengue, llevó investigadores musicales para impulsar este ritmo  y como se diría de manera coloquial, “se ganó a todos los músicos”.

“Trujillo pagaba generosamente a los conjuntos y compositores que hacían canciones destacando su megalomanía y en su régimen todo giraba alrededor de este ritmo”, recuerda el historiador Hernández.

De los merengues que le cantaban a los paisajes, las mujeres y los temas sociales, se pasa a los temas dedicados exclusivamente a destacar al dictador.

Aquí es donde ocupa un lugar especial Luis Alberti, quien logró fascinar al jefe y por encargo suyo llevó el merengue de las fiestas campesinas a la alta sociedad.

Fue tanta la mutua fascinación, que como cuenta Hernández, el general Trujillo hizo que Alberti se traslada a San Cristóbal, tierra natal del dictador, y que le cambiara el nombre a su orquesta a la que bautizó primero como Presidente Trujillo y luego como Generalísimo Trujillo.

De esa época quedaron canciones hechas al tirano como “Salve San Cristóbal”, “Que viva el jefe”,  “Najayo”, “Seguiré a caballo”, entre otras.

Con la muerte de Trujillo muchos avizoraron también la muerte del merengue, pues músicos afectos al régimen tuvieron que salir del país, pero con el paso del tiempo las heridas se fueron sanando y luego se retomó el esplendor de un merengue con letras dedicadas al paisaje, las mujeres, el amor y las costumbres dominicanas.

En estos tiempos modernos hay que señalar que los especialistas consideran que Joseíto Mateo, Jhony Ventura y Wilfrido Vargas son los padres del merengue moderno.

Unos auténticos revolucionarios que siguieron la senda de algunos de los más importantes precursores del merengue como Angel Viloria y su conjunto típico cibaeño; el considerado padre del merengue clásico Juan Bautista Alfonseca; la Superorquesta San José, el Trio Reynoso, Vinicio Franco, Rolando Alberti y Antonio Morel, entre otros nombres sonoros que empezaron a construir la grandeza de este ritmo.

Recordar que la discografía del merengue se construyó con títulos tan recordados como El compadre Pedro Juan, Los algodones, Los saxofones, Juan Quilina, Cita del pasado, El merengue del gato, Mi merengue, Merenguero hasta la tambora, El jarrón pichao y La muerte del chivo, entre algunos.

La historia y el carácter de este alegre ritmo lo define el gran cantante Eddy Herrera quien le dijo Al Fin de semana que “el merengue es el ritmo más extraordinariamente sabroso, bailable y apoyado por toda Latinoamérica”.

Ante la amenaza latente para la existencia del merengue que supone  la fuerza que tienen los ritmos urbanos y otras músicas, le preguntamos a Herrera si podría pensare que en algún momento desaparezca este ritmo y de manera perentoria nos dijo: “Le garantizo que los superclásicos eternos, los de siempre, nunca van a dejar de sonar…nunca”.

Escuche esta historia en este nuevo episodio del podcast "Qué no falte la crónica" con Indalecio Castellanos.

 

Fuente

RCN Radio

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