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El arduo proceso del desminado en Colombia

Así se lleva a cabo este peligroso proceso que salva miles de vidas en el país.

Son las seis de la mañana y el Cabo Primero Edilberto Manotas ya se encuentra en la parte alta de la montaña junto a su equipo de trabajo. Todos alistan sus implementos de seguridad, dos soldados inician pruebas de sus detectores de metales, otro consiente a Bruno, el perro antiexplosivos que los acompaña, y uno más desenreda una larga cuerda amarrada por un extremo a una pera de metal con ganchos.

Hacen parte del Equipo de Explosivos y Demoliciones (Exde), un pequeño escuadrón de cinco personas con una importante misión: despejar el área de minas antipersonales y artefactos explosivos que puedan afectar el paso de los trabajadores del Grupo de Energía de Bogotá, quienes instalarán una torre de energía en este remoto punto del municipio de Planadas, en el sur de Tolima.

Se encargan de realizar desminado militar, uno de los dos tipos de desminado que se realizan en Colombia y el mundo. Se trata de personal cuyo objetivo es detonar las minas que encuentren a su paso. Un proceso lento que se cumple en diferentes partes del país para permitir el avance de tropas o de grandes proyectos de infraestructura.

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Su trabajo es diferente a quienes realizan desminado humanitario, que puede llevarse a cabo por organizaciones civiles o la Fuerza Pública, las cuales se encargan de despejar zonas enteras que quedan catalogadas como libres de sospecha de minas. No lo hacen para las tropas o grandes proyectos, sino para el beneficio de comunidades enteras, de los habitantes de regiones que por años han sufrido el flagelo de los campos minados en las veredas y cascos urbanos, donde niños, mujeres, hombres y viejos han caído en una de estas trampas mortales.

Cada uno utiliza métodos diferentes, pero ambos son de gran prioridad si se espera cumplir la meta de dejar todo el territorio nacional libre de minas para el año 2021, una tarea titánica y un compromiso con la comunidad internacional adquirido hace casi dos décadas que el mismo Gobierno admitió recientemente que no alcanzará a cumplir, por lo que pedirá una prórroga.

Desminado Humanitario: trayendo tranquilidad a las poblaciones

“Antes no podíamos caminar tranquilos por el campo, ni dejar salir a los niños, con lo inquietos que son. Podían pisar una mina antipersonal o le pegaban a algo que pudiera explotar. En esa época con las minas nadie vivía tranquilo por esta zona”, asegura Enith Peña, habitante de la vereda San Miguel de Planadas, uno de los 187 municipios en proceso de desminado humanitario.

Si bien, esta población no se encuentra libre de minas, la intervención del Ejército y organizaciones como The Halo Trust han permitido cambiar la vida de los 30.000 planadunos. Gracias al desminado humanitario, los habitantes de este poblado recorren con tranquilidad por las trochas, caminos y campos.

Esta experiencia se replica en diferentes zonas del país, donde se espera regresar la paz a las comunidades para que puedan caminar sin miedo. Este es el principal objetivo de este tipo de desminado. Liberar grandes terrenos de minas para el disfrute de la comunidad.

Hugo Ferney Barrios, supervisor de operaciones de The Halo Trust en Planadas, explicó su labor: “Lo primero que hacemos, y lo que nos diferencia del desminado militar, es nuestro trabajo directo con la comunidad. Lo primero que hacemos son estudios no técnicos en los que los mismos habitantes son los que nos señalan los lugares en los que se cree que hay campos minados. Esto con el fin de dar prioridad. Para ello, se contratan a los mismos vecinos, con lo cual no solo se genera empleo, sino que se establece un lazo de confianza y el trabajo se realiza de una manera más efectiva”.

Una vez identificadas las zonas de mayor prioridad, se procede al desminado. Un proceso lento y exhaustivo en el que liberar un área de 100 metros puede durar entre dos semanas y dos meses. Se trata de una verificación centímetro a centímetro del polígono delimitado por medio de detectores de metales.

En ocasiones, este proceso se ve estropeado por la presencia de balas, latas, metralla y otros objetos que no permiten el funcionamiento de los detectores. Por este motivo, en ciertas zonas se debe hacer una detallada y peligrosa excavación de 15 centímetros de profundidad para reiniciar la detección de metales.

En caso de que se encuentren minas o artefactos explosivos, la legislación colombiana no permite al equipo desactivar o manipular el objeto. Por eso, realizan una neutralización del dispositivo utilizando diferentes técnicas químicas que estropean su mecanismo interno.

Infografía de desminado
Infografía de desminado.
Anderson Rodríguez / RCN Radio

Desminado militar: abriendo caminos

El Cabo Primero Manotas es el comandante de un grupo Exde, conformado por cinco personas: junto a él están dos detectoristas, un soldado especializado en el uso de un gancho y una cuerda, y un guía canino con su perro antiexplosivos.

Su trabajo es más vistoso que el desminado humanitario y más veloz, pero también es más limitado y menos exhaustivo. Llegan al sitio con toda su indumentaria militar, despliegan un mapa y preparan cada uno de los equipos. Bruno, el perro, se revuelca en el césped mientras los uniformados planean de manera detallada el paso a paso de su jornada.

El primero en entrar en acción es el soldado encargado de arrojar una pera de metal macizo con unos ganchos incrustados. Lo hace con una cuerda de unos 35 metros de largo. A su espalda, todos aguardan tendidos entre la vegetación en una zona segura.

De manera cuidadosa hala de la cuerda, esperando que el gancho se lleve consigo cables o hilos que puedan activar una mina antipersonal oculta. También intenta que el peso de la pera sea suficiente para activar algún artefacto explosivo. En esta ocasión no se encontró nada.

El siguiente en entrar en acción es Bruno, quien lleva trabajando apenas uno de los ocho años que debe pasar en servicio. Al jubilarse, será adoptado por el soldado que sirve como su guía.

El perro sigue atentamente las instrucciones de su cuidador y empieza a olfatear el campo por el que atravesará la tropa. De repente, se detiene en un punto determinado, se sienta y mira atrás a su amo. Es la señal que comprueba la presencia de una mina. En una nueva ronda, vuelve a dar la señal en el mismo punto.

Tras esto, uno de los dos detectoristas inicia con su trabajo. Con paso firme, pero lento, utiliza su detector de metales para llegar hasta el sitio marcado por el canino. Cada metro clava una estaca en el piso, señalando el camino seguro hasta la mina. Finalmente, el aparato empieza a sonar ante la presencia del artefacto. Con un aerosol pinta el lugar exacto del hallazgo.

El detectorista se devuelve hacia el comandante Manotas y lo guía hasta la mina. Este saca de su bolsillo un cartucho, el cual llena con pólvora y entierra en el piso apuntando hacia la mina. Enciende una mecha y se devuelve a la zona segura. En menos de un minuto, el explosivo ha sido detonado. De esta forma se garantiza el paso de tropas o personal de empresas privadas que realizan operaciones en la región.

 

Por: Mateo Chacón - RCN Radio