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Bullying
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En las últimas semanas, en el país se han conocido atroces casos de bullying, desde el joven que casi es empalado en su colegio en Caldas, pasando por el joven al que le incendiaron la cabeza en Envigado, hasta la jovencita que fue abusada por varios compañeros en un colegio de Bogotá.

Si bien estos son los casos más extremos, el bullying se puede presentar en todos los niveles, desde apodos e insultos, hasta agresiones físicas. No importa la edad o el curso, los niños están expuestos a estas situaciones. Algunas veces el acoso es tan sistemático, que los estudiantes le piden a sus padres no mandarlos al colegio.

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El padre, la madre o cuidador a cargo podrían pensar que estas situaciones son conflictos naturales de la infancia, “cosas de niños”. Pero, ¿cómo saber si se trata o no de bullying?, ¿cuál es el límite y los signos de alarma?

Para Claudia Botero, doctora en Psicología e investigadora javeriana, el bullying es un ataque físico, verbal y/o psicológico que ocurre de forma sistemática o reiterativa contra una o varias personas, generando alto impacto en las víctimas. No está ligado a la defensa personal ni a la supervivencia, "más bien, aparece cuando hay un deseo de superioridad y se ejecuta bajo un disfrute personal”, dijo la experta a Pesquisa Javeriana.

No obstante, el concepto se ha empleado de forma indiscriminada para referirse a cosas que no necesariamente son matoneo, como lo asegura Carolina Morales, profesora e investigadora de la Facultad de Psicología de la Pontificia Universidad Javeriana.

Por ejemplo, “imagine que a su hijo o hija le dicen en algún momento ‘eres tonto(a) porque no sabes pintar’, tenemos claro que puede llegar a ser un ataque que no está bien, pero hace parte de esos conflictos de la infancia que los niños deben aprender a manejar”, ejemplifica y reflexiona que no todas las conductas de los niños, niñas y adolescentes que tengan un tinte negativo se pueden calificar como bullying.

En la mente del bully

 

Matoneo bullying
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Muchos de los intimidadores vienen de familias o colegios en donde hacer daño a otra persona, así sea a modo de chiste, es aceptado y legitimado, cuenta la profesora Botero.

“Los mismos papás celebran que hagan chistes ‘montadores’ y degradantes, hay permisividad y se les permite hacer a los hijos lo que quieren. Además, generalmente provienen de ambientes en los que hay diferencias sociales y por eso se sienten en la capacidad de atacar al más vulnerable”, explica la investigadora al medio universitario de la Javeriana.

De aquí que la discriminación sea uno de los motores del matoneo. “La incapacidad para convivir con el otro y respetar la diferencia empieza desde lo que los niños aprenden en sus contextos y el lenguaje que usan quienes los rodean. Si alguna vez me referí al que tiene menos recursos como ‘pobre, incompetente o ladrón’, de forma muy errada, cuando mi hijo o hija vea a alguien que reúna una mínima característica se va a sentir con el poder de hacerle daño por su condición”, dice la javeriana Morales.

Así que pueden volverse matoneadores por falta de límites, es decir, “tienen todas sus necesidades satisfechas, resalta la permisividad, incluso son sobreprotegidos y además gobiernan a sus familias. Se vuelven como emperadores que llegan al colegio y sienten que tienen toda la posibilidad de hacer lo que quieran con el resto”, complementa Carolina Morales.

Bandera roja para saber si mi hijo recibe bullying o si es un bully

Las expertas coinciden en que detener el bullying es una responsabilidad de todos, que ningún acto de violencia es justificable (física, verbal, o psicológica), y que el rol, tanto de las familias como de los colegios y educadores es de vital importancia para formar escuelas, hogares y niños libres de violencia.

Estas son algunas alertas y recomendaciones de las profesionales Botero y Morales:

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  • Cambios en el sueño. Si se despiertan mucho en la noche o no pueden conciliar el sueño. Recuerde que ante la amenaza el cerebro está en modo alerta.
  • Atienda los cambios en el rendimiento académico, pérdida de atención y dificultades para memorizar.
  • Hable con ellos acerca de las cosas que suceden en el colegio. “Si notamos que nuestros hijos no están hablando mucho, empecemos hablándoles de nuestras experiencias», recomienda la psicóloga Carolina Botero. “No pretendamos que nos hablen de la noche a la mañana cuando nunca hemos abierto un espacio de diálogo», complementa Morales.
  • ¿Nota que los niños están mintiendo? Las mentiras en las víctimas muchas veces aparecen no solo por el encubrimiento a quienes hacen el daño, sino también por lo que están sintiendo; por eso es importante evaluar la razón que lleva a los niños, niñas y jóvenes a adolescentes a negar las cosas o a no decir la verdad.
  • Además de entender al niño en su sufrimiento, lo más importante es finalizar la situación de violencia hablando con el colegio y centrarse en su bienestar.
  • Para detener la formación de intimidadores, pregúntese qué modelo de padre, madre o cuidador es usted: ¿hago comentarios hacia personas que tienen mayores vulnerabilidades?, ¿legitimo la discriminación a través del lenguaje?, ¿golpeo o maltrata para conseguir objetivos?
  • El bully también puede estar sufriendo y hay que ayudarlo, pero no por eso se puede desconocer que está actuando de manera indebida. La investigadora Botero indica que esta persona merece una sanción formativa y un acto de resarcimiento, por ejemplo, hacer algo por la persona a quien causó daño, o por el colegio, reconocer que se equivocó, un acto simbólico como entregar una carta de perdón y hacer un compromiso de no repetición.
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