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Artesanos del municipio de Filandia (Quindío), aseguran que la tradición de llevar el mercado en canastos no se ha perdido del todo.

En Filandia, Quindío, artesanos se niegan a dejar morir esta tradición
Durante muchos años nuestros antepasados utilizaron los canastos para transportar muchas cosas, hoy que vivimos en la era el plástico, los cesteros buscan que la tradición no se pierda y se vuelvan a utilizar como un aporte al medio ambiente.
Foto: RCN Radio Armenia

Desde el municipio de Filandia, en el norte del departamento del Quindío, uno de los municipios insignia de la cestería en Colombia, sus artesanos piden que se cambie el uso de bolsa plástica por los canastos elaborados a mano con bejuco, como una forma de aportar a la preservación del medio ambiente.

Como lo señala el antropólogo Roberto Restrepo Ramírez en uno de sus escritos, “las primeras décadas del siglo XX transcurrieron en Filandia alrededor de una significativa industria y el dinamismo impreso por el camino del Quindío, que pasaba por sus contornos, con sus arrierías y el flujo de las mercaderías. En ese panorama, el canasto cafetero había tomado impulso, como el recipiente necesario para el beneficio de la caficultura”.

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Luego de esta pequeña reseña, se puede decir que la cestería del municipio de Filandia ha obtenido varios reconocimientos nacionales a lo largo de los años.

Hoy, cuando se habla de utilizar en menor proporción la bolsa plástica, la señora Ruby Arias quien es sexta generación en este oficio, manifestó que deberíamos volver a utilizar el canasto como un elemento de fabricación artesanal que poca o nada afecta al medio ambiente. 

“La meta de hoy en día es volver a recuperar esa tradición. Todavía hay personas que buscan, compran y utilizan las canastas recordando como sus madres y abuelas tenían la costumbre de llevarlas para los mercados”, manifestó doña Ruby.

Esta mujer que vive en el barrio San José o como es conocido “La Aldea de los Artesanos” en Filandia, señaló que hace 20 años se utilizaba la canasta para llevar el mercado o para empacar los huevos, pero que el auge del plástico fue acabando con estos elementos que hoy deberían de volverse a utilizar. 

El oficio ha ido evolucionando y ya no solo se fabrican canastos. En el local de doña Ruby se pueden conseguir lámparas, cestas para ropa, baúles, repisas, decoraciones, adornos, sillas, mesas y hasta repisas, elementos que son comprados principalmente por extranjeros que pasan por el municipio.

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“El turista que llega queda sorprendido por los artículos que nosotros hacemos, pero muchas veces las ventas no se concretan porque manifiestan que por los viajes, lo incómodo y lo grande de algunos productos no se los dejan transportar en los aviones”, expresó la artesana.

Pero aunque la cestería sigue viva, la pérdida del relevo generacional por cuenta de las nuevas tecnologías está latente. 

Jenny Alejandra Arias, hija de doña Ruby, advirtió que los más pequeños, entre niños, niñas y adolescentes, no quieren aprender esta labor que se ha transformado con el tiempo. 

“Yo estoy y quiero inculcarle el oficio a mi hija que tiene 6 años. Ella todavía no sabe mucho de esta labor, pero espero que algún día se convierta en la octava generación de la familia que continúa con la cestería”, dijo Jenny Alejandra.

Esta familia quiere dejar el legado de la cestería a más generaciones. Jenny y su mamá explicaron que el oficio se hace de una manera responsable y no afecta a los bosques, lo que ha llevado a que no desaparezca y no exista escasez de materia prima.

Manifiestan que hoy Colombia tiene una oportunidad de cambiar o reducir el uso de la bolsa plástica, por un elemento como el canasto que es tradicional en nuestro país y totalmente natural.

Fuente

sistema Integrado de Información

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