Estas representaciones no tienen el respaldo de la Iglesia católica local.

Crucifixión
La fe católica llega al extremo en Filipinas
AFP

Algunos fieles se hacen crucificar, otros se flagelan la espalda hasta que les brota la sangre durante las tradicionales celebraciones del Viernes Santo en Filipinas, que ilustran el fervor religioso de este país mayoritariamente católico de Asia.

Numerosas localidades celebran cada año durante la Semana Santa uno de los momentos más emblemáticos de la pasión de Cristo. Estas representaciones, que no tienen el respaldo de la Iglesia católica local, atraen a numerosos fieles y turistas en un ambiente casi carnavalesco y propicio para los negocios.

Al menos tres personas se clavaron en cruces de madera en pueblos al norte de Manila.

Los penitentes se fijan las manos y los pies con clavos de ocho centímetros.

Estos no pasan sin embargo más que algunos minutos crucificados y apoyados en un pequeño escalón que les aguanta el peso del cuerpo, antes de ser bajados y atendidos.

Otro momento álgido del día es la procesión de penitentes que flagelan sus espaldas desnudas hasta dejarlas en carne viva, ante un público que se hace selfis.

A su paso, los vehículos, paredes e incluso las botellas de refrescos que proponen los vendedores ambulantes son rociadas de gotas de sangre.

"Es lo que se hace cuando un familiar se enferma", explica Norman Lapuot, de 25 años, mientras se golpea con un látigo con puntas de bambú.

Este ferviente católico explica que es la cuarta vez que participa en la ceremonia. Está convencido de que es lo que permitió a su abuelo recuperarse de un accidente cerebrovascular.

Si la mayor parte de los 80 millones de católicos de Filipinas pasan el día en la iglesia o con sus familias, los devotos que se someten a estas crucifixiones lo hacen para hacerse perdonar los pecados o expresar su agradecimiento por intervenciones divinas.

La Iglesia filipina sostiene que Jesucristo ya vivió estos momentos por los hombres y que, por tanto, no hay motivo para repetirlos.

"La Iglesia no alienta nunca la autoflagelación y todavía menos la crucifixión", declaró a la AFP Roy Bellen, portavoz de la archidiócesis de Manila.

"Los sacrificios exigidos a los católicos durante la Cuaresma y la Semana Santa deben desembocar en acciones que ayuden a los pobres y los necesitados".

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