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Tres familias caraqueñas cuentan su experiencia de despedir a uno de los suyos en medio de la peor crisis que ha registrado el país.

Crisis en Venezuela
La familia Salvati mantiene la sonrisa a pesar del puesto vacío que dejó Elsa que viajó a EE.UU.
Foto: RCN Radio

A nivel mundial se reporta el éxodo masivo de venezolanos en los últimos años sin conocerse cifras oficiales, solo pronunciamientos de funcionarios gubernamentales como los más recientes del presidente Nicolás Maduro, quien considera que decir que los venezolanos huyen de su país, forma parte “de una campaña sucia (...) la misma que le hicieron a Cuba en los años 60 y 70”.

A propósito, distintas organizaciones sociales y universidades de Venezuela se han empeñado en mostrar la realidad del fenómeno migratorio en el país.

El último estudio académico denominado “Encuesta de Condiciones de Vida” para el año 2017, reporta que en 58% de los hogares ha salido un miembro de la familia;  23% viajaron dos y en 10 % tres familiares partieron a nuevos rumbos.

“En promedio se reportaron 1,3 emigrantes por hogares, de modo que se estima que entre 2012 y 2017 ha debido emigrar al exterior algo más de 815.000 personas”, reporta el documento.

A esta cifra le suman “606 mil venezolanos en el exterior”, según “estimaciones de Naciones Unidas para el 2015”, lo que significaría que “1 millón 421 mil” venezolanos están en otros países.  

La cifra es conservadora frente a otros estudios como el que presenta Claudia Vargas, integrante del proyecto de investigación de migración de la Universidad Simón Bolívar.

“El año pasado hablamos de dos millones quinientos mil venezolanos afuera, ahora creemos que esa cifra está entre los tres millones, tres millones 200 mil” destaca el proyecto, al tiempo que considera que la emigración se ha convertido para muchos “en una necesidad más que en una alternativa”.

-A 8 mil kilómetros de distancia-

Hace dos años la “pequeña” de la familia Ávila, Lorena, tomó la misma decisión que hace varias décadas atrás tomó su madre, que salió de Colombia para radicarse en Venezuela.

En su caso, el viaje ha sido más largo. Luego de su corto paso por Panamá, hoy está radicada en la lejana Italia, donde trabaja arduamente para tener una buena calidad de vida, pero no solo para ella y su esposo, sino para su familia que se quedó en Venezuela.

Su hermano Fidel, vive arrendado en un anexo al sureste de Caracas, junto con su esposa y su niña recién nacida. Destaca lo mucho que ayuda su hermana menor tanto a él como a su mamá, consciente de la crisis galopante en Venezuela y la incapacidad de hacerle frente a la creciente inflación.

“Mientras arregla sus papeles, consiguió un trabajo de “babysister”, cuidando a una niña y ganando muy bien. Ayuda bastante a la familia, ayuda a mi mamá (...) yo tengo una niña de dos meses y ella le tiene hasta una mesada, que yo trabajando fuerte aquí en Venezuela no le llego a esa mesada”, expresó.

Calcula que el aporte mensual ronda los 50 euros, que al cambio en el mercado paralelo, son unos 13 millones de bolívares, 30 veces el salario mínimo vigente en Venezuela.

La posibilidad de que ellos también emigren no la han descartado, aunque su mamá no le gustaría repetir la aventura que ya una vez vivió.

“A mi mamá lo que más le duele es dejar sus cosas, todo lo que hizo aquí con todo su esfuerzo, como quien dice dejarlo todo otra vez (...) Nosotros no la queremos dejar aquí”, agrega Fidel.

-Una carrera contra los obstáculos-

Desde una populosa zona de Caracas salió hace un mes Sergio Angarita en medio de la incredulidad, porque, finalmente, después de un año de papeleos e imprevistos pudo viajar a Buenos Aires, Argentina.

Su madre Cecilia, relata lo difícil que es materializar la decisión de salir de Venezuela, principalmente por la gran cantidad de dinero que tuvieron que acumular.

“Duramos un año haciendo los trámites para poder irse, porque tampoco es fácil porque hay que buscar el dinero (...) Un boleto aéreo cuesta una plata, más la persona debe llevar cierta cantidad de dinero para poder sobrevivir uno o dos meses, mientras legalizas sus papeles. Tienes que tener alrededor de unos dos mil quinientos dólares”.

Además de lo 'legal' tuvieron que enfrentar a los gestores ilícitos que aprovechan de la urgencia ajena.

“Las páginas no abren, o no te dan la cita entonces tienes que pagar para apostillar los documentos. Por una partida de nacimiento puedes pagar hasta un millón de Bolívares, por una cita para apostillar puedes pagar 500 o 600 mil bolívares. Si no tienes los documentos apostillados en otro país no tienen validez”, lamentó.

La angustia de Cecilia crece con el pasar de los días, y es que ya no solo está pendiente de Sergio, sino que a diario recibe noticias de otros familiares que también decidieron partir. Los últimos viajan actualmente a Ecuador por autobús, y solo por mensaje pueden comunicar su condición.

-El “sueño americano” por partida doble-

Nunca pensaron en la familia Salvati Valero que una de sus hijas 'morochas' no regresaría de Estados Unidos a donde viajó de vacaciones con su pequeño hijo de 7 años. Lo cierto es que hace siete meses reside en una localidad del demandado estado de la Florida.

A diario “un vacío” agobia a los tres integrantes de una familia que se declara “muy unida”. A su hermana Marianella, se le quiebra la voz al traer recuerdos que no son despejados con llamadas digitales.

“Después que ella tomó la decisión de quedarse ya se sentía su ausencia y la de mi sobrino, que le daban alegría a la casa. Ha sido duro, sabemos que está mejor, pero no la tenemos acá físicamente, hablamos con ella por videollamadas pero yo la extraño mucho”, contó.

Todo indica que ella será la próxima en dar el paso migratorio, sin embargo, lo mantiene en veremos ya que encontró lo que muchos quisieran tener en Venezuela: ingresos en dólares. Un nuevo trabajo con una nueva oportunidad para ayudar a los suyos.

“Mi aporte es de 50 dólares mensual más el aporte que hace mi hermana que está afuera que son 50 dólares también, una contribución que significa más de 20 millones de bolívares en Venezuela.

Sus “viejos” como los llaman de cariño, son los que más los extrañan. No ha sido fácil aceptar la ruptura a pesar de que saben que “están bien”. El señor Manuel Salvati, dice no sentirse “disminuido” por la ayuda de sus hijas por el contrario lo retribuye.

“Nos sentimos agradecidos de ese apoyo de la consciencia de ellas que dentro de las posibilidades nos brindan ese apoyo que es importantísimo para seguir aquí en Venezuela, y confieso que a la edad de nosotros no nos gustaría salir de nuestro país. Queremos a Venezuela, acotó.

Su esposa, Marianella, sentada en otro lugar de la casa, pide disculpas por sus “ganas de llorar” al consultarle qué ha sido lo más difícil del proceso. Entre lágrimas, dice que es “muy fuerte y triste” principalmente por su nieto.

“Me da mucha tristeza verlo por el teléfono, por la computadora, quiero agarrarlo, conversar con él, porque a él no le gusta hablar por teléfono, quisiera hablar con como hablábamos aquí” al tiempo que lamenta que sus vecinos están viviendo lo mismo.

“En esta calle que no es grande, casi todas las casas están adultos mayores o casas desocupadas, porque los jóvenes se han ido y quedan los abuelos solos”,agregó.

Sin embargo, la esperanza de un pronto reencuentro es un aliciente que les permite seguir adelante.

“A Elsa que me hace muchísima falta” mientras hace larga pausa por las lágrimas, “pero la voy a ver pronto”, finaliza diciendo.

Por Saúl Noriega

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