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Cuatro jóvenes colombo-venezolanas quienes se encuentran en Caracas aspiran irse de dicha ciudad apenas culminen sus estudios.

Graduando
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En la entrada de la Biblioteca Central de la UCV, están las “morochas” Díaz, Sol y Luna ambas con doble nacionalidad, colombiana y venezolana. Tienen 20 años, los últimos 3 estudiando Medicina y Farmacia respectivamente.

“Allá el estudio es muy caro y la carrera de Medicina es una de las más caras, estamos aquí para terminar la carrera y así poder irnos, porque allá está toda la familia”, destaca Sol al tiempo que relata que ambas deben hacerse compañía ya que quedaron solas luego que su papá viajara a Medellín recientemente para buscar recursos económicos. “Transfiere 300 mil pesos”, que entre risas dice que no les alcanza.

 

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 Luna además considera que, a pesar de estudiar en una universidad pública, los gastos en instrumentos y materiales desgasta el presupuesto rápidamente.

“Los instrumentos uno los pide por Amazon, pero los materiales, queriendo Dios, tienes que rodar por muchos sitios para intentar comprar uno, porque es así, y cuando vienes a ver es súper caro, entonces todo el mundo debe aportar plata. Dicen que esto es público, pero en realidad uno invierte bastante dinero, porque uno compra las medicinas, los utensilios y todo eso hace lo que tú no pagas en el año”, apuntó.

Xioris Rabel, de 25 años ya cursa su segunda carrera en la Universidad Central de Venezuela y a pesar de tener toda a su familia materna en Cartagena, le ha tocado sobrellevar la crisis sin ayuda económica del exterior, ya que asegura que en la ciudad costeña “no están tan bien”.

Sin embargo, si le colaboran con medicinas para su hermano menor quien presenta una condición especial de salud. “Hay que tenerle ciertos tratamientos que aquí son muy costosos o no los hay, y una que otra vez con comida, pero dinero todavía no”.

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Ante este panorama se ha visto en la necesidad de compartir el tiempo de estudio con el de trabajo. “Actualmente laboro por Internet y con eso más o menos me ayudo y ayudo en mi casa, porque si, efectivamente me pongo a sacar cuentas con los que ganan mis padres, ni siquiera me alcanza para venir para acá”, refiere Xioris minutos antes de viajar a localidad Guatire, en el vecino estado Miranda, a unos 30 kilómetros de Caracas, trayecto que le quita tiempo y sueño. Todos los días debe levantarse a las 3:00 a.m. para llegar a tiempo a clases.  

La decisión de viajar a Colombia parece ser un hecho, pero destaca en su familia han tratado de dar una lectura correcta al momento país sobre todo por las experiencias vividas.

“Si hemos pensado en irnos, pero todavía no lo hemos concretado. Nos frena el hecho de que ellos se vinieron hace muchísimos años cuando Colombia estaba pasando una situación súper fuerte muy similar a la que estamos pasando acá, y dicen bueno si pasamos ese proceso allá porque no pasarlo acá “.

Todas estas estudiantes apuestan por un cambio en el país, situación que les haría repensar la decisión de irse. Mientras combaten los obstáculos y en ocasiones que sean señaladas de ingratas.

“Eso me lo han dicho varias personas y yo lo que contesto es qué haré acá si lo que hago es estar en un hospital y ver como se mueren los pacientes, no puedo hacer eso, mientras que en otro lugar puedo salvarlos, y tampoco me parece que mientras me esfuerzo mucho gane menos de sueldo mínimo”, acota Sol Díaz.

  

Graduarse e irse, objetivo de estudiantes colombianos en Venezuela ante la crisis

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