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Venezuela ha tenido un inicio de año caracterizado por protestas ante la falta de alimentos y que han derivado en saqueos y hechos vandálicos. El resultado ha sido la muerte de siete personas, más de 100 comercios desmantelados y al menos 300 detenidos.

Escenas impresionantes se han hecho virales en redes sociales. Desde hombres matando a machetazos y pedradas a una vaca, pasando por el robo de una cisterna de leche para luego vaciarla con tobos, hasta helicópteros llegando a poblaciones sumidas en el caos.

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El recuerdo del “Caracazo” de 1989 está presente como la peor “explosión social” registrada en el país, con un saldo oficial de 300 muertos, pero uno extraoficial de tres mil decesos durante las labores policiales y militares de contención de una ola de saqueos que inició en Caracas.

Precisamente la capital de Venezuela arrancó en 2018, con un intento de saqueo a un reconocido supermercado ubicado al este de la ciudad, pero la rápida actuación de funcionarios policiales lo evitó.

El encargado del establecimiento comercial, quien prefirió no identificarse, no dudó en asegurar que “la gente tiene hambre y ven algo de alimento y quiere aprovechar el momento (...) esto está latente, en cualquier momento se va a suscitar este tipo de situaciones”.

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También a su memoria viene el “Caracazo”, pero enfatiza que la situación que vive el país es mucho peor. “La diferencia es que en aquel momento había que llevar, ahorita no hay que lleven, lo que es alimentos como tal no hay”, resaltó.

Las consecuencias de la reedición del también llamado “sacudón” sería devastador, según afirma Susana Rafalli, asesora externa de Cáritas de Venezuela y nutricionista especializada en gestión de crisis humanitarias.

“Ni siquiera durante el “Caracazo” llegamos a tener los niveles de desnutrición aguda que se tiene ahora (...) cualquier empeoramiento de la situación política va a redundar, ya no en el quiebre de la familia venezolana, sino en una vida”, explicó.

Hoy destaca niveles de emergencia en varios indicadores sociales pero puntualiza que hay que determinar términos correctos para establecer respuestas adecuadas, es por esto que aclara que Venezuela no entra en declaratoria de hambruna.

Detalla que esta situación es declarada por la definición de tres factores. “El primero es el porcentaje de niños menores de cinco años que muestran desnutrición aguda grave, usualmente supera el 30% (..,) en Venezuela en los estratos más pobres, estamos a 15,6%”.

El segundo parámetro se mide por el aumento de la tasa mortalidad de niños menores de un año “en 2,5 a 3 veces a la habitual”. La doctora Rafalli señala que “en Venezuela ni siquiera la hemos duplicado”.

Como tercer indicador está el acceso prácticamente nulo a la comida. “En los casos de hambruna, no es que el alimento no lo puedas comprar, es que no encuentras nada comestible en kilómetros y te puede tomar hasta 12 horas conseguir algo comestible; en Venezuela te puede tomar 12 horas en hacer una cola, pero sales a la esquina y hay un señor con un puesto de yuca o una señora con unos huevos”, subraya.



La especialista en nutrición consideró además que los mas desfavorecidos en Venezuela atraviesan por una situación peor que la que viven los que han sido oficialmente declarados como refugiados.

“Si te pongo como ejemplo el campo de refugiados en el Sahara Argelino de la población Saharaui, en la última encuesta nutricional que se hizo allí, la desnutrición aguda no supera el 5% y en Venezuela estamos en 15,6% en los estratos más pobres”, apuntó.

En la calle se nota la preocupación de las personas, por la falta de comida en los mercados y por los altos precios de lo que existe. La ingesta de proteína animal ha disminuido entre los venezolanos.

“No estamos comiendo eso, pura legumbres” contó una señora mayor que salía de un supermercado con dos bolsas en sus manos. Lo poco que lleva lo debe rendir en su casa. “Dos comidas no hay derecho a más nada” relató con pesar.