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Yemen
Yemen.
AFP

El coronavirus está dejando miles de muertos y forzando a la humanidad al confinamiento. Su impacto en las guerras de Oriente Medio es aún incierto aunque ya hay una primera consecuencia: el alto el fuego en Yemen.

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En las últimas semanas, la ONU ha llamado reiteradamente al cese de la violencia por todo el mundo, incluido en Oriente Medio, para ayudar a frenar el avance de la COVID-19 y evitar más dramas humanitarios.

Yemen

La coalición militar liderada por Arabia Saudita, que interviene en Yemen desde 2015 en apoyo a las fuerzas gubernamentales, anunció un alto el fuego de dos semanas a partir de las 09H00 GMT del jueves, para evitar una propagación del coronavirus. Los rebeldes hutíes, apoyados por Irán, no reaccionaron por el momento.

"Preparamos el terreno para luchar contra la enfermedad covid-19", declaró el miércoles un responsable saudita.

Pese a un llamado a un alto el fuego de la ONU en marzo, la violencia se había acentuado recientemente en el país.

Las oenegés temen una catástrofe si el virus se propaga, ya que Yemen cuenta con un sistema de salud precario y 24 millones de personas (más de dos tercios de la población), necesitan asistencia humanitaria, según la ONU.

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El nuevo coronavirus comenzó a extenderse mundialmente cuando entraba en vigor una nueva tregua a principios de marzo en la provincia de Idlib y sus alrededores del noroeste sirio entre el régimen y su aliado ruso, por un lado, y los grupos yihadistas y rebeldes, por otro.

En marzo, el balance de pérdidas civiles fue el más bajo desde el inicio del conflicto en 2011 con 103 muertos, según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH).

Para los diferentes actores en el terreno -el régimen, las fuerzas kurdas en el noreste y las facciones anti-Damasco en Idlib-, una buena gestión de la epidemia consolidaría su credibilidad.

"Esta epidemia es una manera para Damasco de mostrar que solo el Estado sirio es eficaz y que hay que reintegrar los diferentes territorios bajo su gobierno", estima el experto Fabrice Balanche.

La pandemia también podría precipitar la salida de las tropas estadounidenses. Pero esto dejaría un vacío de seguridad que propiciaría un resurgimiento del grupo Estado Islámico (EI).

El conflicto sirio ha dejado más de 380.000 muertos en nueve años y millones de desplazados, especialmente vulnerables si se propaga la epidemia.

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Libia

Los protagonistas del conflicto libio celebraron el mes pasado el llamado a un alto el fuego de la ONU, antes de reanudar las hostilidades.

Desde comienzos de año, la violencia desplazó a 200.000 personas, la mayoría en la capital, según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).

El lunes, los combates dañaron un hospital en Trípoli, donde son atendidos pacientes con covid-19, lamentó la organización.

En este conflicto, Turquía apoya al gobierno de Trípoli, reconocido por la ONU, que enfrenta desde hace un año una ofensiva del hombre fuerte del este libio, el mariscal Jalifa Haftar.

Para Fabrice Balanche, una retirada occidental de los conflictos de la región favorecería a las fuerzas pro-Haftar apoyadas por Rusia, Egipto y Emiratos Árabes Unidos.

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Los países occidentales están siendo duramente golpeados por la pandemia, lo que podría llevarles a desviar sus recursos militares de los conflictos extranjeros, pero también a debilitar los procesos de negociaciones.

Irak

En Irak, si bien la guerra ha terminado, el país sigue amenazado por un resurgimiento del EI en algunas regiones, y las tensiones entre Estados Unidos e Irán no aflojan.

Washington acaba de desplegar baterías de defensa antiaéreas, lo que hace temer una nueva escalada con Irán, cuyos apoyos iraquíes son considerados responsables de lanzar cohetes sobre la Zona Verde de Bagdad, donde se ubica la embajada de Estados Unidos, y sobre bases que acogen a soldados estadounidenses.

Fuente

AFP

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